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¿Es la renta básica universal una solución si no hay trabajo para humanos?


En países donde los referéndums se toman como un acto democrático como es el caso de Suiza se pueden consultar a sus ciudadanos propuestas realmente interesantes. Durante la jornada de hoy, unos 8 millones de suizos estaban convocados para votar la primera iniciativa popular a nivel estatal sobre la creación de una renta básica universal, también conocida como Universal Basic Income o UBI por sus siglas en inglés. Se trata de un modelo cada vez más respaldado por economistas que predicen un futuro próximo donde las máquina o robots van a sustituir inevitablemente a las personas en los puestos de trabajo. Finlandia también está preparando su consulta.

El tema es sumamente interesante porque si la productividad se traspasa a los robots dejando millones de personas sin trabajo, la riqueza se acumulará a los propietarios de esas máquinas, y por consiguiente, la desigualdad en el planeta irá creciendo exponencialmente mientras empresas sustituyan sus actuales empleados de carne y hueso por sistemas robotizados mucho más eficientes. Sin ir más lejos hace apenas una semana, el ex CEO de McDonald’s, aseguraba que actualmente saldría más barato comprar un brazo robótico de 35.000 dólares que pagar 15 dólares la hora a un trabajador ineficiente que se dedica a embolsar patatas fritas. Y no le falta razón.

Pero como McDonald’s millones de empresas se lo están planteando. De hecho, la china Foxconn, proveedora de Apple y Samsung, está reemplazando en estos momentos el 55% de su plantilla en una fábrica con autómatas. Estamos hablando que el mayor fabricante de móviles del mundo está despidiendo a 60.000 trabajadores para tener robots a sus ordenes. ¿Pero realmente los robots son mejores que nosotros? Definitivamente sí. Están programados para no cometer errores, no se cansan, no necesitan vacaciones, pueden trabajar sin límite de horarios, no necesitan que los motiven, no tienen distracciones externas, son controlados por ordenadores con una capacidad de procesamiento, análisis e inteligencia infinitamente superior a la humana, etc. Actualmente todos los puestos de trabajo excepto los que exijan una alta dosis de creatividad son susceptible a ser sustituidos por máquinas.

Según el banco estadounidense Bank of America Merrill Lynch, el valor global del mercado de la robótica alcanzará unos 142.000 millones de euros en 2020, siendo actualmente de 32.000 millones. En efecto, estamos delante de una nueva revolución industrial, ya vamos por la cuarta, que justo acaba de comenzar y que nos va a traer grandes cambios a todos los niveles, no solamente corporativos, sino también desafíos en la sostenibilidad del sistema y de lo más importante: una población en crecimiento pero cada vez con menos puestos de trabajo disponibles. Y si el modelo capitalista actual se basa en que la gente corriente se tiene que ganar la vida trabajando, la pregunta a estas alturas parece evidente: ¿Cómo vamos a poder sobrevivir?

Pues bien, una de las propuestas que más fuerza están tomando, no solamente en Suiza, es la de la renta básica universal. Con ese escenario a la vista, un debate sobre ese modelo parece más relevante y necesario que nunca. La idea es sencilla: se paga una cantidad mensual a los ciudadanos simplemente por serlo, sin importar el trabajo que hagan o el valor añadido que generen. Pensar que los ingresos de una persona estén completamente disociados del trabajo que realicen era algo difícil de imaginar hasta hace bien poco. Pero las cosas podrían cambiar más pronto que tarde.

Volviendo al referéndum de Suiza, los datos oficiales mostraron que un 77% de los votantes rechazó la incitativa de ley que barajaba dar a su población sin pedir nada a cambio unos 2.500 francos suizos (2.254€) por adulto y 625 (564€) por niño. Un resultado que demuestra un claro gesto de madurez y compromiso ciudadano. Si no es sostenible lo que se propone o si realmente no está claro el resultado de implementar la propuesta, se vota que “no” aunque esté rechazando dinero que me vendría de maravilla. A todo esto me pregunto cuál habría sido el resultado si la misma se hubiera realizado en España. Apuesto a que un sí rotundo sin importar las consecuencias…

La idea de una renta básica universal por no hacer nada puede parecer muy atractiva, especialmente para reducir la pobreza, pero eso tendría su coste. En primer lugar, que los gobiernos regalen dinero a los ciudadanos estaría genial si las cuentas cuadraran, pero con un déficit y una deuda por las nubes parece algo inviable. ¿A caso tendría sentido establecer una renta básica universal pero a cambio subir los impuestos? No lo veo. Tampoco veo claro qué efecto tendría dar dinero gratis a la población, si eso daría lugar a una generación de vagos, incentivaría que los ciudadanos dejasen de trabajar o si serían capaces de controlar las fronteras para evitar una previsible avalancha de inmigrantes en caso de que la medida fuese aprobada.

Mientras el mundo avanza cada vez más deprisa y nos preparamos para grandes cambios, puedes empezar a plantearte alguna de las siguientes preguntas:

¿Qué harías si tuvieras unos ingresos garantizados? ¿Buscarías otras ocupaciones y alternativas para generar valor sin la presión de tener que ganar necesariamente un sueldo cada mes para asegurar tu subsistencia o simplemente te dedicarías al placer?

El final de la Ley de Moore y el progreso tecnológico

Parece que últimamente hay una ley casi más famosa que la de Murphy, estoy hablando de la Ley de Moore. Este año se han cumplido nada menos que 50 años desde que fuera enunciada por primera vez en 1965 por Gordon Moore, uno de los fundadores de Intel. Pero parece que su final está cerca.

Básicamente lo que dice la Ley de Moore es que cada dos años se duplica el número de transistores en un circuito integrado (chip). Algo que se ha venido cumpliendo durante décadas y ha servido como termómetro tecnológico de toda una industria basada en la computación altamente dependiente de las mejoras de los nuevos procesadores.

La importancia de la Ley de Moore radica en tres aspectos clave:

1. En el progreso tecnológico derivado del aumento en la velocidad de los microprocesadores (conjunto de transmisores) que ha permitido la fabricación de ordenadores cada vez más rápidos y capaces de procesar altos volúmenes de datos.

2. En una reducción del tamaño de los transmisores que ha permitido crear ordenadores más pequeños y ligeros. Sin ir más lejos un iPhone 5 tiene actualmente más tecnología que algunos de los ordenadores comprados por la NASA hace apenas 3 años. En cifras, el número de transistores en un chip se ha multiplicado 3200 veces en tan solo 26 años.

3. Los precios bajan al mismo tiempo que las prestaciones suben. Por ejemplo, un ordenador que hoy vale 2000 euros costará la mitad al año siguiente y estará completamente obsoleto en dos años o menos.

¿Pero qué pasa si una ley deja de cumplirse? No hay nada escrito al respecto pero seguramente por definición deja automáticamente de ser una ley. La noticia ha saltado esta semana después de que Intel anunciara un retraso en la próxima generación de procesadores. En efecto, parece que el final de la ley de Moore está cerca y no es algo que pille a todo el mundo por sorpresa. El propio Moore ya afirmó en una entrevista en 2010 que su ley estaba muerta.

La Ley de Moore es un desafío constante hacia los límites de la miniaturización de los chips que hacen funcionar todo tipo de máquinas que requieran al menos un procesardor. Sin embargo, llega un punto en que por leyes de la física un transistor no se puede hacer más pequeño. Existe un límite físico que rompe por completo los esquemas de la ley de Moore.

Actualmente cada transitor (el core de un microprocesador) de Intel está dibujado sobre 14 nanómetros y se espera que dentro de 18 meses se pueda fabricar un transitor en 10 nanómetros. Las previsiones de la propia Intel son que entorno a 2020 se pueda llegar a los 5-7 nanómetros, de hecho IBM ya mostró un prototipo funcional, pero una vez llegados a ese punto será imposible muy complicado reducir el tamaño de un único transitor manteniendo su funcionalidad constante.

¿Estamos cerca del límite del progreso tecnológico? En un sector tan cambiante es difícil de predecir. Quizás el futuro pase por crear capas tridimensionales de transistores interconectadas entre sí, seguir creciendo mediante computación cuántica o dejarlo todo en manos de la inteligencia artificial. No tengo ni idea.

Pero lo que está cada vez más claro es que tarde o temprano vamos a ver como una ley que ha sentado las bases del crecimiento tecnológico durante más de medio siglo va a llegar a su fin y las consecuencias pueden ser críticas.

La muerte de la Ley de Moore no sólo reducirá el progreso tecnológico que ha impulsado los niveles de productividad desde 1970, sino que con ello arrastrará el crecimiento económico cada vez más dependiente de la evolución tecnológica.

No está de más comenzar a ser conscientes de ello.

Tomar buenas decisiones: la falacia del costo hundido


Hace unos años atrás cuando estudiaba economía en la universidad, las clases de negocio eran las que más me gustaban y fue en una de esas que aprendí uno de los conceptos que más me han ayudado a tomar decisiones tanto en mi trabajo como en mi vida personal. Se trata del costo hundido. La definición es bien simple: son todos los costes que han sido incurridos en el pasado y que no pueden ser recuperados.

El coste hundido se interpreta muchas veces de forma errónea como un coste fijo. Sin embargo, éstos últimos pueden ser prospectivos (futuros), mientras que los costes hundidos son siempre retrospectivos, es decir, solamente basados en inversiones o gastos económicos en un período de tiempo pasado.

La falacia del costo hundido hace referencia a que muchas personas permiten que los costos hundidos influyan en la toma de sus decisiones, cuando realmente las inversiones o gastos realizados tiempo atrás y que no son recuperables no tienen ningún tipo de implicación en el futuro y por lo tanto no deberían considerarse.

Te doy algunos ejemplos claros en los que la falacia del costo hundido es evidente:

1. Has invertido 3.000 euros en un nuevo proyecto o negocio contratando tecnología y recursos pensando que iba a funcionar muy bien, pero a mitad del proyecto te das cuenta que por mucho que lo intentes no conseguirás el resultado que esperabas. A pesar de eso, como ya estás a mitad de camino y te has gastado mucho dinero continuas trabajando para intentar evitar a la desesperada que esos 3.000 euros se conviertan en una pérdida económica. Lo que sucede en estas situaciones es que en vez de asumir el fracaso, intentas posponerlo incurriendo en más gastos y costes de oportunidad.

2. Has comenzado a estudiar una carrera en la universidad y en segundo curso te das cuenta que no te gusta, pero te resistes a cambiar de estudios para evitar que el primer año que ya has completado se convierta “un año perdido de tu vida”. Estoy seguro que conoces a alguien en esta situación porque es un clásico. En estos casos, la persona se obliga a seguir unos estudios que no le gustan, lo que le termina generando frustración, infelicidad y sensación de vacío. ¿No sería mejor abandonar y empezar de nuevo estudiando algo que te apasione?

3. Te has comprado un vestido muy exclusivo para una fiesta especial, te ha costado 500 euros pero sabes que no te lo vas a poner nunca más, aun así prefieres no venderlo de segunda mano por 200 euros porque moralmente ese precio que pagaste de 500 euros pesa demasiado. ¿Cómo voy a vender algo que me ha costado 500 por 200 si está casi nuevo? Lo que termina sucediendo es que el vestido acumulará polvo en el armario por el resto de tu vida. ¿No sería más inteligente venderlo por 200 euros y invertirlos en otro vestido que puedas usar más a menudo?

4. Tu grupo de música favorito organiza un concierto en tu ciudad. Tienes tantas ganas de ir que te gastas 100 euros por cada entrada y haces 5 horas de cola en taquillas. Merece la pena porque quizás sea la única vez que puedes verlos en directo y su música te encanta. Pero cuando llega el día del concierto hace mal tiempo, es un día frío y lluvioso, te encuentras mal, el coche se te ha estropeado y una de tus amigas al final dice que no puede ir, con lo que tienes que ir sola. Dada la situación y llegados a ese punto, a ti tampoco te apetece ir pero si no vas tendrás la sensación de haber derrochado el dinero y el tiempo dedicado a hacer la cola. ¿Qué haces, te quedas en casa o vas al concierto a pesar de todo?

5. El costo hundido también aplica en casos de relaciones de pareja. Por ejemplo, llevas con tu pareja más de cuatro años, habéis pasado muchas cosas bonitas juntos, pero el tiempo ha pasado, quizás uno de los dos ha cambiado, quizás ahora la relación sea más fría y distante, quizás te ha sido infiel en alguna ocasión o puede que ya no te trate con el mismo cariño. En cualquier caso, decides no quieres terminar la relación porque algo que fue tan bonito no puede terminar así de mal. De nuevo cometemos el error de tomar decisiones basadas en sentimientos pasados, sin tener en cuenta los presentes o cómo nos vamos a sentir en el futuro si continuamos con la misma persona.

En definitiva, los costos hundidos tienen una clara influencia en las decisiones de las personas debido a nuestra aversión a la pérdida, al fracaso y al apego emocional. No saber gestionar este tipo de sensaciones o no querer aceptar la realidad puede incurrir en que tomemos malas decisiones en prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida.

Para evitar caer en la falacia del costo hundido debemos tomar decisiones más con la cabeza que con el corazón. Debemos ser capaces de tomar decisiones racionales y no puramente emocionales. También es importante aprender que el fracaso es una forma de crecimiento personal, de ganar experiencia y aprender de los errores. Tenemos que intentar buscar siempre el lado positivo de las cosas, ser más optimistas, pero por encima de todo, ser flexibles y estar siempre dispuestos al cambio.

El gran Seth Godin dice en uno de sus libros que si una situación no va a mejorar a pesar de que inviertas más tiempo, dinero o energía, entonces lo mejor que puedes hacer es abandonar definitivamente y empezar algo nuevo más ilusionante.

Al final, dicen que abandonar es de valientes 💪

¿Eres lo suficiente valiente para abandonar lo que no te aporta nada positivo en tu vida?

Riesgos globales y sistémicos: amenazas presentes y futuras


En prensa económica se utiliza mucho la expresión “riesgo sistémico” para hacer referencia al riesgo común para todo el mercado o amenazas globales. También es un tipo de riesgo que no se puede reducir con diversificación puesto que es estructural. Por ejemplo, una recesión económica o una subida de tipos de interés afecta de forma negativa prácticamente a todas las empresas en mayor o menor grado. Cuando llega, nadie se salva.

Teniendo en cuenta lo anterior, es muy complicado obtener información sobre el riesgo sistémico de una economía y tenerlo en cuenta en modelos de inversión, pues las interdependencias en los mercados financieros (monetarios y de bienes reales) son una variable determinante. Como ya hemos visto, si un banco quiebra, la caída en los precios de estos activos puede generar grandes problemas de liquidez para otros bancos, creando así un pánico en el sistema interbancario (conjunto del sistema financiero) e incluso llegar al colapso.

Por lo tanto, en un mundo cada vez más interconectado, ya sea en lo social como en lo económico, los riesgos compartidos son crecientes y todas las economías deben hacer frente a ellos con acciones conjuntas para evitar que esos riesgos sistémicos y emergentes se conviertan en amenazas reales y terminen causando desastres sociales o ruinas económicas.

El verdadero problema de este tipo de riesgos es precisamente el hecho de que sean generalizados. Es decir, al afectar a todos, los gobiernos de manera individual no toman acciones concretas para corregirlos, miran hacia otro lado dejando pasar el tiempo o piensan: “ya lo solucionaran otros”. El caso de la deuda soberana es clarísimo. Todos fueron a una.

Durante un tiempo todo era fiesta, el que más se endeudaba más crecía y parecía no tener sentido no endeudarse para quedarse atrás. Era evidente que la borrachera iba a terminar de un momento a otro y a día de hoy la principal amenaza económica sigue siendo la crisis de deuda. Teniendo en cuenta la deuda pública de Estados Unidos ya sobrepasa el 100% del PIB y la de Japón sobrepasa el 230%, los inversores terminan viendo que es insostenible.

Cortar el grifo del endeudamiento en su momento era una decisión difícil que nadie tomó, ahora corregir los excesos es prácticamente imposible y se sufren las consecuencias. Pero seguramente peor suerte corren algunos de los países de la eurozona que carecen de la opción de devaluar su moneda y fomentar así las exportaciones, antes del euro las políticas monetarias habían evitado o mitigado muchas crisis. Es uno de los contras de la monda común.

Otro riesgo sistémico al cual parece no importar mucho a nuestros políticos es la brecha persistente y cada vez mayor entre las rentas de los ciudadanos más ricos y los ingresos de los más pobres. La desigualdad y el efecto reductor en las clases medias en las economías desarrolladas es una de las grandes amenazas de ésta y la próxima década.

El elevado paro estructural en algunos países como España donde el 50% de los jóvenes no encuentran trabajo, el aumento de la precariedad en los pocos contratos existentes, junto con los costes crecientes en educación y sanidad, están llevando a todo un país a un retroceso social nunca visto en la historia.

Otro riesgo global es la crisis alimentaria y del agua. En Sudamérica 40 millones de personas no tienen acceso a los servicios de agua potable, otras 52 millones se abastecen a través de sistemas que suponen un riesgo importante para la salud y 81 millones sufren hambre y subnutrición, según datos de la FAO.

Si queremos afrontar la crisis alimentaria el reto no consiste en producir más alimentos sino más bien acabar con la pobreza siendo capaces de distribuir la riqueza que tenemos de manera que haya mayor capacidad de acceso a los alimentos por parte de los más pobres. Sin duda un reto complicado que va camino de convertirse en una utopía debido a la inexistencia de actuaciones coordinadas y políticas redistributivas justas.

Por último, otro riesgo sistémico ya de sobra conocido pero que todavía no forma parte de las prioridades de la mayoría de naciones es el cómo mitigar y adaptarse al cambio climático. Es cierto que algunos países están haciendo grandes esfuerzos para que sus ciudades sean más eficientes y ecológicas, pero todavía queda mucho por delante para que esa concienciación sea global.

En consecuencia, el riesgo de seguir contaminando y no fomentar el uso de energías alternativas será una mayor incidencia de sucesos climáticos extremos, tales como inundaciones, tormentas, huracanes, terremotos o incendios. Dando por supuesto que estos desastres medioambientales traerán más pobreza y se llevaran vidas, quizás familias enteras, por delante.

Para más información sobre éstas y muchas otras amenazas presentes y futuras te recomiendo la lectura del informe anual del World Economic Forum titulado “Global Risks” donde se profundiza en mayor detalle hasta qué punto estos riesgos pueden tener impacto en nuestras vidas.

Bitcoin, monedas virtuales y el nuevo paradigma monetario


El pasado mes de enero de este mismo año un Bitcoin se intercambiaba por 13 dólares en sitios como Mt.Gox, hoy cotiza a 1.150 dólares, muy cerca de lo que cuesta una onza de oro. La subida experimentada en once meses es cuanto menos para detenerse y analizar a fondo lo que está sucediendo. A pesar de la espectacular revalorización sigo considerando que hay que ser muy prudentes y no le veo fundamentos como para invertir a largo plazo. Para especular hubiera estado muy bien, pero con un nivel de riesgo no apto para cardiacos.

Haciendo un poco de historia, el Bitcoin nació en 2008 por un programador japonés llamado Satoshi Nakamoto, cuyo paradero se encuentra desconocido. Se trata de una moneda virtual, es decir, no se imprime ni se acuña, está formada por ceros y unos, utiliza un protocolo descentralizado y su valor frente a otras monedas tradicionales se establece por la misma ley de oferta y demanda, es ante todo, un sistema de fijación libre de precios fuera del control de reguladores o bancos centrales. Y esto último es precisamente lo que la ha convertido en una moneda tan popular y a la vez tan criticada.

El Bitcoin no está controlado por un banco emisor como la Reserva Federal, que puede imprimir cantidades ilimitadas de dinero, bajar o subir los tipos, entre otras herramientas de política monetaria. En este caso, el Bitcoin tiene un nivel limitado de monedas en circulación, las cuales se van liberando a medida que ordenadores van solucionando problemas matemáticos complejos, un sistema llamado de minería. Está predefinido desde su fundación que como máximo puedan haber en circulación un máximo 21 millones de bitcoins, de las que hasta el momento se han creado unos 12 millones.

La enorme subida del último mes se debe principalmente a la fuerte demanda procedente de China, donde el principal motor de búsqueda, Baidu, ahora la acepta como moneda de pago para ciertos servicios. Por otro lado, los legisladores de Estados Unidos han estado debatiendo posibles regulaciones, lo que ha despertado mayor interés. El mismo presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, se ha posicionado a favor del Bitcoin diciendo que “puede ser prometedor a largo plazo” como parte de un sistema internacional de pagos.

Mientras tanto, un creciente número de empresas ya aceptan el Bitcoin como método de pago, desde algunas tiendas de bocadillos Subway, Walmart, algunas universidades y hasta Virgin Galactic, la multinacional de Richard Branson, que planea ofrecer viajes espaciales comerciales. Si bien es cierto que una vez aceptan el pago y obtienen Bitcoins rápidamente los venden para obtener dólares u otra moneda universalmente aceptada.

En Europa, países como Alemania ya están incorporando el Bitcoin dentro de su sistema tributario. La inversión en esta moneda tiene un trato similar al de otros activos derivados como el oro. Su venta está libre de impuestos si se mantienen al menos durante un año, de lo contrario se grava a un tipo fijo del 25 por ciento con los primeros 600 euros exentos de tributación.

La empinada subida de los últimos meses ha llamado la atención no solamente a inversores profesionales, sino también a particulares que ven como sus ahorros se podrían haber multiplicado casi por 100 en poco tiempo. Lo de siempre, dinero llama a dinero y habitualmente se producen burbujas que terminan estallando repentinamente, veremos si sucede lo mismo…

El banco de inversión Bank of America ha sido la primera institución financiera en publicar un informe detallado de 11 folios titulado “Cause and Effect: Bitcoin, a first assessment” donde se centra en analizar la moneda virtual Bitcoin, sus orígenes, el futuro de esta divisa y sus implicaciones para los mercados y la economía global. Entre las conclusiones principales del informe destacan que el Bitcoin tiene un gran potencial y podría situarse como un serio competidor para los proveedores tradicionales de transacción de divisas. Sin embargo, dos aspectos conflictivos podrían ser su alta volatilidad y la posibilidad de sobrevaloración.

El Bitcoin está en boca de todos a pesar de que muy pocos saben exactamente en qué consiste esta moneda, cómo funciona y lo que hay detrás de ella. No todo son luces, también hay muchas sombras. Mientras algunos expertos estiman que una desregulación total del Bitcoin contribuiría a la creación de empleo y promovería el crecimiento económico, otros especialistas bancarios, políticos y policías son mucho más críticos. Hay muchos frentes e intereses abiertos.

Los principales argumentos en contra se centran en que los bitcoins pueden ser usados para el lavado de dinero negro o para otras actividades ilícitas y delictivas como la compra de droga, armas y tráfico de menores, etc. Actividades que si bien es cierto también se realizan usando otras monedas, usando bitcoins la diferencia es que es prácticamente imposible rastrear ya que pueden ser anónimas o con nombres falsos.

En conclusión, las monedas virtuales si no son reguladas como es debido están destinadas a convertirse en un mercado idílico para narcotraficantes y delincuentes. Y no creo que sea el camino por el bien y la seguridad de todos. El Bitcoin es solamente el inicio de un mundo relativamente nuevo pero que ha abierto con mucho ruido las puertas a una nueva forma de realizar transacciones digitales. Estamos claramente ante un nuevo paradigma monetario pero del que todavía queda mucho por perfeccionar y sigo viendo muy lejano el día en que estas monedas virtuales terminen por hacer desaparecer el dinero real que todos tenemos en los bolsillos.

La clase política y los medios de comunicación tapan los delitos de las entidades financieras


Es bien sabido que en toda economía las entidades financieras juegan un rol protagonista, son las que permiten a las empresas financiarse y a las familias endeudarse, de una forma simplista se podría decir que son las que abren y cierran el grifo del dinero. Son, en definitiva, el verdadero poder económico y en algunos momentos de nuestra historia moderna, incluso han sido entidades respetadas por su función social. Pero con el tiempo se han ido denigrando, básicamente por abusos, delitos encubiertos y ruinosas gestiones.

Las malas prácticas llevadas a cabo de forma perversa y sistemática por cajas de ahorros y bancos durante los últimos años las han llevado al centro del huracán y su reputación ha caído en picado. Se lo han ganado a pulso. Engañar a clientes y hacerles perder sus ahorros es algo que no se olvida fácilmente. Todavía menos gratificante cuando recibes una notificación de embargo de tu vivienda porque no puedes afrontar la devolución de la hipoteca, aun a sabiendas que esa vivienda se quedará vacía y tú de patitas en la calle pero con la misma deuda.

Pero a nadie le importa, todos se respaldan en el sistema y miran hacia otro lado. Dicen que no pueden hacer nada, pero no es que no puedan, es que no quieren porque hay otros intereses, y en este país de pandereta se permite que quien tiene la pasta mande porque el fin último de todo mandatario es llevarse dinero al bolsillo, venga de donde venga. No hay políticas que valgan cuando el poder económico está de por medio y para más inri los medios influyentes de este país tapan toda la mierda. No hay ética, no hay moral, no hay nada.

Y te preguntarás que por qué los medios no hacen la presión que la sociedad demanda. Es sencillo: Prisa, Unidad Editorial, Planeta, Vocento, Grupo Godó… todos los grandes conglomerados mediáticos españoles tienen a la banca entre sus principales accionistas. ¿Qué medio va a hablar mal del que pone el dinero para pagar las nóminas de sus periodistas? La respuesta es ninguno. La banca en España tiene carta blanca en este sentido y así es muy fácil robar.

Se llega fácil a la conclusión de que los grandes grupos mediáticos no son más que mamporreros de los grandes delincuentes financieros. Por supuesto no podemos contar ni con la clase política ni tampoco con los medios de comunicación para denunciar los abusos de la banca, y por desgracia hay muchos de los que se ha visto solamente la punta del iceberg.

Así nos va, todavía con mafiosos sueltos.

Ilustración | ¡Al ladrón, al ladrón!

Los robots y la desaparición de la clase media


Cinco años después del inicio de la crisis muchas personas, especialmente de clase media, han pedido su empleo. Pero la crisis no es algo circunstancial o temporal, en muchos países no habrá brotes verdes jamás a no ser que se implanten otros modelos económicos más productivos, sostenibles, técnicos y de alto valor añadido. A estas alturas ya todo el mundo debería haber asimilado que no se volverá a vivir como antes, al menos en España.

Los millones de puestos de trabajo desaparecidos nunca van a volver y crear puestos de trabajo para humanos será cada vez más difícil. La explicación a todo ello la tienen los ordenadores y los robots, los cuales están reemplazando mano de obra humana día tras día. Durante décadas, las películas de ciencia ficción han planteado esta situación como algo imaginario, algo proyectado a un futuro muy lejano. Sin embargo, este futuro donde los robots pasaban a “controlar” el mundo ha llegado mucho antes de lo esperado.

No habrá sector económico que vaya a evitar esta transición a nuevos modelos y paradigmas que forman parte del inevitable progreso tecnológico, que por una parte traerá grandes avances pero por la otra impedirá que buena parte de la sociedad pueda ganarse un salario. Las empresas van a ir incorporando máquinas a procesos productivos que hasta la fecha el trabajo humano había sido imprescindible. Vamos a tener que competir con robots para un puesto de trabajo y ellos tienen todas las de ganar.

Dejando de lado las medidas de responsabilidad social que las compañías puedan tomar en cuanto a los sistemas de contratación, la pura realidad y lo que más importa a propietarios de empresas y sus accionistas, es que los robots y otras máquinas programadas y/o controladas por ordenador trabajan más rápido y comenten menos errores que los humanos. Al mismo tiempo que los niveles de productividad van a crecer exponencialmente en muchos sectores, los ratios de desempleo alcanzarán niveles insostenibles para la vida humana.

Según esta tendencia, la clase media desaparecerá por completo o mejor dicho los robots serán la nueva clase media. Los niveles de pobreza se multiplicarán en los países desarrollados y los únicos perfiles profesionales que podrán ser contratados, ganar un salario y sobrevivir, serán los que tengan conocimientos de programación, informáticos e ingenieros técnicos capaces de hacer robots más inteligentes. Las conclusiones del último análisis realizado por Associated Press son muy claras al respecto:

The uncomfortable truth is technology is killing jobs with the help of ordinary consumers by enabling them to quickly do tasks that workers used to do full time, for salaries. Technology is eliminating jobs in office buildings, retail establishments and other businesses consumers deal with every day.

Las impresoras 3D son un ejemplo de lo que está por venir, pero los sistemas de automatización diseñados con tecnologías aditivas serán capaces de realizar cualquier cosa a cualquier escala, y todo ello con gran precisión, velocidad y a costes reducidos. El mundo está cambiando a una velocidad que si pestañeas te lo pierdes. Estamos hablando de cambios con implicaciones globales que a fecha de hoy nadie es capaz de predecir hasta qué punto realmente nos van a llegar a afectar, pero una cosa está clara, en unos años ya nada será como antes.

Ilustración vía Jennifer Daniel

Impresoras 3D, la nueva revolución tecnológica


Se acerca algo muy grande a nuestros días, algo probablemente que cambie por completo los procesos industriales tal como los conocemos. Una revolución en toda regla, que de hecho, ya ha comenzado. Las impresoras 3D están generando mucho ruido y no es para menos. En no mucho tiempo vamos a ser capaces de crear y dar forma física a nuestras ideas o proyectos en cuestión de minutos. ¡Y desde nuestras casas!

La impresión 3D no ninguna novedad, apareció a finales del siglo XX, pero no se ha masificado debido a su elevado coste, hasta ahora ha sido una herramienta reservada principalmente a la industria. Pero las cosas cambiaron cuando en mayo de 2007, Adrian Bowyer y su equipo de investigación de la Universidad de Bath (UK) pusieron a funcionar la primera máquina de estas características autoreplicable. Para ello han publicado toda la documentación necesaria para construirla con una licencia open source. Así es como cualquiera puede construirse su propia impresora 3D con el uso de materiales comunes y baratos, e incluso explotarla comercialmente.

A partir de ese momento surgen muchos proyectos en diferentes partes del mundo entorno a la impresión en tres dimensiones, algo sin duda beneficioso puesto que con ello se han conseguido crear maquinas con prestaciones terriblemente prometedoras con una excelente precisión y todo ello a unos costes más asequibles, al menos lo suficientes como para que grandes compañías como HP, Epson o Canon ya tengan puestos los ojos en ellas y lo consideren un producto potencialmente comercializable en esta misma década.

El negocio puede generar la venta de estas máquinas es más que multimillonario y ya no solamente a nivel industrial. Arquitectos, diseñadores, ingenieros o artistas, son algunos de los principales perfiles que pueden estar interesados en comprar una impresora 3D, ya que serán capaces de crear prototipos, maquetas, piezas adaptables, objetos de todo tipo, productos inéditos, probar diseños, etc. Las posibilidades son ilimitadas. La tecnología va mucho más allá de proporcionarnos la posibilidad de crear figuritas de regalo o tazas de café artesanalmente.

Me pongo a pensar y este tipo de impresoras pueden cambiar sectores por completo. Por ejemplo, en el sector de la decoración, cualquier persona desde su casa podrá crear sus propios muebles, a su estilo y con las medidas exactas que necesite. En automoción, cualquiera se podrá fabricar sus propias piezas de recambio. En medicina las aplicaciones que puede tener la impresión 3D son verdaderamente espectaculares: se podrán crear huesos para ser reemplazados en personas que se los hayan roto y no se puedan recuperar, así como reproducir órganos humanos, evitando la necesidad de donaciones, largas listas de espera o que el paciente rechace del trasplante.

Vamos a ser testigos de cambios de dimensiones nunca vistas hasta la fecha en prácticamente todos los ámbitos económicos. Las impresoras 3D van abrir las puertas a muchos nuevos campos de exploración y desarrollo en ciencia y tecnología, que tendrán gran impacto en nuestras vidas cuotidianas. Nuevas patentes, nuevos modelos de negocio, nuevas formas de comercio, etc. Nos esperan muchos retos y cambios de paradigmas por delante. Lo que hace unos años era pura ciencia ficción, ahora es real.

El secreto del éxito de Corea del Sur


No es americana, ni alemana, ni japonesa, ni británica. La única empresa del mundo que parece ser capaz de competir y hacer sombra a Apple es surcoreana. Se llama Samsung y es el mejor ejemplo del potencial económico y tecnológico de Corea del Sur. Cuando pensamos en crecimiento asiático nos vienen a la cabeza Japón y China, pero desde hace no mucho tiempo hay un tercero que está dando mucho que hablar. Corea del Sur es un país que destaca por muchas cosas pero especialmente por haber logrado desarrollarse rápidamente envuelto entre grandes adversidades.

Empezando por los vecinos, desde la Segunda Guerra Mundial el país ha tenido que lidiar con Corea del Norte. Los constantes ataques hacen que el ejército surcoreano nunca deje de mirar hacia la frontera para proteger a su población. El país superó también importantes revoluciones internas y golpes de estado por parte del ejército. Más recientemente, la crisis financiera asiática de 1997 con un sistema en quiebra estuvo al borde de llevarlos la bancarrota. Pero a pesar de todo, Corea del Sur ha logrado superar las anteriores dificultades y a día de hoy es una de las democracias más estables del planeta, cuyo progreso de recuperación económica ha sido ejemplar.

Actualmente el país cuenta con una población cercana a los 50 millones de personas y un PIB que supera los 900 mil millones de dólares situándola entre las 15 economías más grandes del mundo y entre las cinco más importantes de Asia. Su economía principalmente está centrada hacia el sector de exportaciones y sus socios comerciales son mayoritariamente China, Japón y Estados Unidos. Además de la mencionada Samsung, el país también cuenta con varias multinacionales de gran relevancia a nivel mundial como LG, Hyundai y Kia Motors, entre otras. Adicionalmente, su capital, Seúl, es considerada como uno de los diez centros financieros y comerciales más importantes del mundo según la revista Forbes.

¿Cuál es la clave principal de su éxito? La respuesta a esa pregunta es clara: la educación. El gobierno de Corea del Sur apuesta claramente por su modelo educativo y dedica nada menos que el 7% del PIB al sistema escolar e universitario. A pesar de la gran inversión pública, las familias también invierten más dinero en educación con clases privadas y enseñamiento de idiomas, saben que esa es la clave para que sus hijos tengan un mejor futuro. Por otro lado, la filosofía de los colegios es muy clara y los niños se empapan de la tradición confuciana que premia el mérito: “Si eres el primero de la clase, serás el primero en la vida”. El prestigio ganado con esfuerzo y sacrificio supone el pasaporte al ascenso social.

Así es como la educación se convirtió en la gran palanca que impulsó la economía surcoreana y le permitió entrar en el G-20. Apostar por la educación es la mejor inversión que puede hacer cualquier país y todo apunta a que Corea del Sur seguirá creciendo en los próximos años gracias a la enorme demanda procedente de mercados emergentes de sus productos, a pesar de un entorno macroeconómico mundial adverso. Además da gusto ver empresas como Samsung, que apostando por la innovación tecnológica y siendo un referente, es la única que se disputa con la compañía de la manzana mordida por el título de la mayor tecnológica del mundo en términos de facturación.

Del PIB al FBN (Felicidad Bruta Nacional) siguiendo el modelo de Bután


Cuando el sistema capitalista es evidente que ha fracasado y cuando hemos llegado a un punto de no retorno en el que difícilmente vamos a recuperar las riendas del pasado, ha llegado el momento de plantear otros modelos económicos si es que realmente los hay. En un mundo llamado ideal, probablemente inalcanzable, el modelo más adecuado sería dejar de medir cantidades en términos de dinero y preocuparnos por las cualidades en términos de calidad de vida. En Bután, un pequeño país situado en el sur de Asia, eso ya es una realidad desde hace años.

¿Cómo lo hacen? Mientras nuestro índice de referencia es el PIB (Producto Interior Bruto), ellos lo que hacen es considerar su crecimiento según el FBN (Felicidad Bruta Nacional) o FBI (Felicidad Bruta Interna), que mide la calidad de vida en términos más holísticos y psicológicos, es decir sin tener en cuenta la productividad del país. Este brillante modelo fue propuesto por Jigme Singye Wangchuck, rey de Bután, en 1972 con apenas 17 años como respuesta a las duras y constantes críticas por la tremenda pobreza económica de su nación.

El modelo lejos de ser la solución a nuestros males occidentales tiene muchos aspectos positivos. Mientras que los modelos económicos convencionales observan el crecimiento económico como objetivo principal, el concepto de FBN se basa en la premisa que el verdadero desarrollo de la sociedad humana se encuentra en el desarrollo socioeconómico sostenible e igualitario, la preservación y promoción de valores culturales, la conservación del medio ambiente y el establecimiento de un buen gobierno que se preocupe por el bienestar de la gente, la salud y la educación.

El dinero no es una prioridad para la gente de Bután, no se mueven por el poder, el ansia o a la avaricia. Su gobierno les garantiza un nivel de vida digno y con ello una felicidad estable. Ese equilibrio les permite afrontar la vida de manera completamente diferente, a ser más creativos y espirituales. No buscan ganar más sino producir lo justo para vivir felices.

En contraposición, nuestro modelo actual se basa en que para acceder a nivel de vida confortable es necesario realizar un trabajo que genere riqueza económica cada vez mayor y por lo tanto que te puedan pagar un salario por tu desempeño a lo largo del tiempo. Pero cuando hay un retroceso en la economía, una recesión o una crisis, las empresas despiden y directamente te quedas fuera del sistema. Sin dinero no hay vida, excepto en Bután.

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