Ya hace tiempo que se acabo la fiesta en España. Durante mucho tiempo hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Todo fue muy bonito mientras duró. Pero ahora toca pagar los excesos del pasado. España crecía sin parar, había sorprendido a propios y extraños, con una evolución económica impresionante de manos de la construcción y el boom inmobiliario, un crecimiento basado en el ladrillo y en la especulación. El sistema era claramente insostenible, pero todo el mundo intentaba meter mano como fuera. La cuestión siempre ha sido sacar un buen pellizco, haciendo poco, típico de la cultura española.
España no ha sido un país dedicado a la industria o en crear bienes productivos, a nosotros siempre se nos ha dado mejor poner ladrillos y luego dedicarnos a revender al mejor postor obteniendo unas sustanciosas plusvalías. En definitiva, siempre hemos tirado más por lo fácil y lo sencillo. ¿Para qué sudar si nos podemos ganar la vida prácticamente sin hacer nada? Mucha gente ha vivido del cuento durante muchos años, empezando por la clase política.
La crisis nos ha hundido en la más absoluta de las miserias. Ya no sólo por el dinero que tenemos los españoles en el bolsillo, sino por el prestigio como nación. De ser la envidia de Europa, a tener medio pie fuera. Se acabaron los sueños. Después de dos largos y duros años de crisis, estamos a punto de despertar. José Luis Rodríguez Zapatero ha empezado un auténtico vía crucis que no sabemos dónde terminará.
Las medidas no me parecen desacertadas desde el punto de vista económico, no social. Había que bajar el sueldo a los funcionarios, congelar las pensiones, reducir gastos, parar obras públicas, disminuir el gasto público. La cuestión era crear una pequeña gran revolución social, que alguien nos diera una bofetada en la cara, el único modo de reaccionar. Es evidente que las promesas de ayudas a parados, una sanidad integral gratis, una fuerte inversión en educación, todo se ha desvanecido. En este país ya no hay nada seguro, vamos dando bandazos, todo puede pasar.
Tras una semana dura y triste en que la gran mayoría de los españoles hemos ido asimilando una situación nueva, casi trágica, tocaba reflexionar. Pero Zapatero no se ha quedado a gusto, pues anuncia una cruzada contra los ricos. Subir los impuestos a los que más tienen. A estas alturas, somos muchos los que nos preguntamos si quedan mucho ricos dentro de nuestras fronteras, tal como van las cosas deben quedar cuatro.
España se ha caracterizado desde hace muchos años por una clase media muy potente que ha sido artífice de un bienestar que ha cambiado sustancialmente al país. Por supuesto, esa clase media paga impuestos religiosamente y pienso que estamos dispuestos a apretarse el cinturón. Pero el caso es que nadie quiere pagar los platos rotos de los demás. Es cuestión de orgullo.
Prepararos porque vienen curvas. España todavía está lejos de salir del túnel. Quizás no volvamos a ver la luz…
