¡Qué vida más triste!


Se me ponen los pelos de punta al leer las conclusiones de un interesante estudio realizado a los jóvenes españoles: el 54% de los españoles entre los 18 y los 34 años dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado. ¡Que vida más triste!

No puedo llegar a entender cómo se puede vivir sin tener ilusiones por nada, pasar los días en medio de la nada, divagando y observando como pasa el tiempo sin aprovechar cada segundo de sus vidas. Los jóvenes parecen tan vulnerables y perdidos que les espera un nivel de vida peor que el de sus padres.

¿Dónde están los valores del esfuerzo, del sacrificio, de luchar por lo que uno quiere? Me pregunto qué proyecto de futuro puede haber detrás de esta postura. ¿A donde hemos llegado a parar? No evolucionamos, vamos para atrás, a peor. Un completo desastre, un estrepitoso fracaso sociológico. No quieren estudiar ni trabajar, parece como si quisieran vivir del cuento.

Los expertos aseguran que los jóvenes economizan sus esfuerzos por miedo a la frustración, a la incertidumbre y al fracaso. Todo eso sucede en una generación que ha crecido en un ámbito familiar de mejora continuada del nivel de vida, pero por un notable deterioro de las condiciones laborales, precariedad, mileurismo, difícil acceso a vivienda, pésimo sistema educativo…

En definitiva, los jóvenes ya no son capaces de arriesgar, son conservadores y lo peor de todo es que no tienen la culpa de ser así.

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