Se está hablando mucho de burbujas últimamente. Dejando de lado las últimas correcciones, las bolsas han tocado máximos desde el inicio de la crisis y las valoraciones de algunas empresas tecnológicas americanas ponen los pelos de punta. Yo no creo que estemos delante de una burbuja de valoraciones desorbitadas como la que vivimos a principios de los 2000 pero llevamos varios años de subidas generalizadas y si te pones a mirar gráficos y haces proyecciones bajistas da bastante vértigo.

Reflexión a parte, los que se han pegado una buena castaña son los chinos. Su renta variable se desploma un 30% en apenas tres semanas. El índice Shanghai Composite cerró 2014 en los 3.234 puntos. Pero en los primeros compases del año se disparó hasta los 5.178 puntos alcanzados el pasado 12 de junio, sus máximos anuales. Semanas atrás ya dije en este artículo que la escalada me parecía exagerada y se podría estar formando una burbuja. Efectivamente así ha sucedido.


Al parecer el pasado mes de noviembre se puso en marcha la conexión entre las bolsas de Shanghái y Hong-Kong permitiendo a inversores de la China continental invertir en la bolsa de Hong-Kong. Del mismo modo que inversores extranjeros ahora ya pueden invertir en el índice Shanghai Composite. Esa apertura de los mercados ha generado durante meses la entrada masiva de inversores en China disparando las cotizaciones de sus principales empresas en precios muy por encima de las valoraciones fundamentales de sus negocios.

En un intento por frenar el descalabro, varias de las principales compañías cotizadas en China han anunciado sus planes de iniciar programas de recompra de acciones propias. Por su parte, la Comisión Reguladora de Valores de China ha iniciado una investigación para buscar pistas que demuestren la “manipulación ilegal en los mercados”. Además, han puesto el freno a nuevas las salidas a bolsa.

Los chinos están que se suben por las paredes. En pocos meses muchos chinos han hecho fortuna, la euforia se contagió a las calles y todo el mundo quería comprar acciones. Los bancos no daban abasto abriendo cuentas de valores y nadie quería perderse la fiesta. Hasta que llega un día que boom. Adiós dinero. El chino que había entrado en bolsa porque el vecino se había comprado un nuevo Mercedes gracias a la revalorización de sus acciones ahora resulta que ha perdido un tercio de sus ahorros.

En un intento por tranquilizar a los mercados, el banco central de China ha prometido que mantendrá una política monetaria prudente en lo que resta de año. Al final, el frenazo en seco de la economía china y las alertas de una burbuja bursátil que han copado los titulares de prensa en las últimas jornadas han contribuido a multiplicar la recogida de beneficios en los mercados y se han disparado las posiciones cortas para protegerse ante nuevas caídas.

Los analistas en China también han destacado la escasa formación de buena parte de los ahorradores chinos que decidieron entrar en la renta variable al calor de las subidas espectaculares logradas en los últimos tiempos. Lo dicho, la bolsa no es un juego y las subidas no son indefinidas. El tiempo pondrá al mercado chino en la valoración que le corresponde. Mientras tanto unos habrán ganado y otros muchos habrán perdido mucho dinero.

¿Cuál será la próxima burbuja? Yo tengo una en mente: la burbuja de la deuda. De eso hablaré en unos días porque creo que se va hablar mucho de ello en 2016.