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Riesgos globales y sistémicos: amenazas presentes y futuras


En prensa económica se utiliza mucho la expresión “riesgo sistémico” para hacer referencia al riesgo común para todo el mercado o amenazas globales. También es un tipo de riesgo que no se puede reducir con diversificación puesto que es estructural. Por ejemplo, una recesión económica o una subida de tipos de interés afecta de forma negativa prácticamente a todas las empresas en mayor o menor grado. Cuando llega, nadie se salva.

Teniendo en cuenta lo anterior, es muy complicado obtener información sobre el riesgo sistémico de una economía y tenerlo en cuenta en modelos de inversión, pues las interdependencias en los mercados financieros (monetarios y de bienes reales) son una variable determinante. Como ya hemos visto, si un banco quiebra, la caída en los precios de estos activos puede generar grandes problemas de liquidez para otros bancos, creando así un pánico en el sistema interbancario (conjunto del sistema financiero) e incluso llegar al colapso.

Por lo tanto, en un mundo cada vez más interconectado, ya sea en lo social como en lo económico, los riesgos compartidos son crecientes y todas las economías deben hacer frente a ellos con acciones conjuntas para evitar que esos riesgos sistémicos y emergentes se conviertan en amenazas reales y terminen causando desastres sociales o ruinas económicas.

El verdadero problema de este tipo de riesgos es precisamente el hecho de que sean generalizados. Es decir, al afectar a todos, los gobiernos de manera individual no toman acciones concretas para corregirlos, miran hacia otro lado dejando pasar el tiempo o piensan: “ya lo solucionaran otros”. El caso de la deuda soberana es clarísimo. Todos fueron a una.

Durante un tiempo todo era fiesta, el que más se endeudaba más crecía y parecía no tener sentido no endeudarse para quedarse atrás. Era evidente que la borrachera iba a terminar de un momento a otro y a día de hoy la principal amenaza económica sigue siendo la crisis de deuda. Teniendo en cuenta la deuda pública de Estados Unidos ya sobrepasa el 100% del PIB y la de Japón sobrepasa el 230%, los inversores terminan viendo que es insostenible.

Cortar el grifo del endeudamiento en su momento era una decisión difícil que nadie tomó, ahora corregir los excesos es prácticamente imposible y se sufren las consecuencias. Pero seguramente peor suerte corren algunos de los países de la eurozona que carecen de la opción de devaluar su moneda y fomentar así las exportaciones, antes del euro las políticas monetarias habían evitado o mitigado muchas crisis. Es uno de los contras de la monda común.

Otro riesgo sistémico al cual parece no importar mucho a nuestros políticos es la brecha persistente y cada vez mayor entre las rentas de los ciudadanos más ricos y los ingresos de los más pobres. La desigualdad y el efecto reductor en las clases medias en las economías desarrolladas es una de las grandes amenazas de ésta y la próxima década.

El elevado paro estructural en algunos países como España donde el 50% de los jóvenes no encuentran trabajo, el aumento de la precariedad en los pocos contratos existentes, junto con los costes crecientes en educación y sanidad, están llevando a todo un país a un retroceso social nunca visto en la historia.

Otro riesgo global es la crisis alimentaria y del agua. En Sudamérica 40 millones de personas no tienen acceso a los servicios de agua potable, otras 52 millones se abastecen a través de sistemas que suponen un riesgo importante para la salud y 81 millones sufren hambre y subnutrición, según datos de la FAO.

Si queremos afrontar la crisis alimentaria el reto no consiste en producir más alimentos sino más bien acabar con la pobreza siendo capaces de distribuir la riqueza que tenemos de manera que haya mayor capacidad de acceso a los alimentos por parte de los más pobres. Sin duda un reto complicado que va camino de convertirse en una utopía debido a la inexistencia de actuaciones coordinadas y políticas redistributivas justas.

Por último, otro riesgo sistémico ya de sobra conocido pero que todavía no forma parte de las prioridades de la mayoría de naciones es el cómo mitigar y adaptarse al cambio climático. Es cierto que algunos países están haciendo grandes esfuerzos para que sus ciudades sean más eficientes y ecológicas, pero todavía queda mucho por delante para que esa concienciación sea global.

En consecuencia, el riesgo de seguir contaminando y no fomentar el uso de energías alternativas será una mayor incidencia de sucesos climáticos extremos, tales como inundaciones, tormentas, huracanes, terremotos o incendios. Dando por supuesto que estos desastres medioambientales traerán más pobreza y se llevaran vidas, quizás familias enteras, por delante.

Para más información sobre éstas y muchas otras amenazas presentes y futuras te recomiendo la lectura del informe anual del World Economic Forum titulado “Global Risks” donde se profundiza en mayor detalle hasta qué punto estos riesgos pueden tener impacto en nuestras vidas.

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La clase política y los medios de comunicación tapan los delitos de las entidades financieras


Es bien sabido que en toda economía las entidades financieras juegan un rol protagonista, son las que permiten a las empresas financiarse y a las familias endeudarse, de una forma simplista se podría decir que son las que abren y cierran el grifo del dinero. Son, en definitiva, el verdadero poder económico y en algunos momentos de nuestra historia moderna, incluso han sido entidades respetadas por su función social. Pero con el tiempo se han ido denigrando, básicamente por abusos, delitos encubiertos y ruinosas gestiones.

Las malas prácticas llevadas a cabo de forma perversa y sistemática por cajas de ahorros y bancos durante los últimos años las han llevado al centro del huracán y su reputación ha caído en picado. Se lo han ganado a pulso. Engañar a clientes y hacerles perder sus ahorros es algo que no se olvida fácilmente. Todavía menos gratificante cuando recibes una notificación de embargo de tu vivienda porque no puedes afrontar la devolución de la hipoteca, aun a sabiendas que esa vivienda se quedará vacía y tú de patitas en la calle pero con la misma deuda.

Pero a nadie le importa, todos se respaldan en el sistema y miran hacia otro lado. Dicen que no pueden hacer nada, pero no es que no puedan, es que no quieren porque hay otros intereses, y en este país de pandereta se permite que quien tiene la pasta mande porque el fin último de todo mandatario es llevarse dinero al bolsillo, venga de donde venga. No hay políticas que valgan cuando el poder económico está de por medio y para más inri los medios influyentes de este país tapan toda la mierda. No hay ética, no hay moral, no hay nada.

Y te preguntarás que por qué los medios no hacen la presión que la sociedad demanda. Es sencillo: Prisa, Unidad Editorial, Planeta, Vocento, Grupo Godó… todos los grandes conglomerados mediáticos españoles tienen a la banca entre sus principales accionistas. ¿Qué medio va a hablar mal del que pone el dinero para pagar las nóminas de sus periodistas? La respuesta es ninguno. La banca en España tiene carta blanca en este sentido y así es muy fácil robar.

Se llega fácil a la conclusión de que los grandes grupos mediáticos no son más que mamporreros de los grandes delincuentes financieros. Por supuesto no podemos contar ni con la clase política ni tampoco con los medios de comunicación para denunciar los abusos de la banca, y por desgracia hay muchos de los que se ha visto solamente la punta del iceberg.

Así nos va, todavía con mafiosos sueltos.

Ilustración | ¡Al ladrón, al ladrón!

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Los robots y la desaparición de la clase media


Cinco años después del inicio de la crisis muchas personas, especialmente de clase media, han pedido su empleo. Pero la crisis no es algo circunstancial o temporal, en muchos países no habrá brotes verdes jamás a no ser que se implanten otros modelos económicos más productivos, sostenibles, técnicos y de alto valor añadido. A estas alturas ya todo el mundo debería haber asimilado que no se volverá a vivir como antes, al menos en España.

Los millones de puestos de trabajo desaparecidos nunca van a volver y crear puestos de trabajo para humanos será cada vez más difícil. La explicación a todo ello la tienen los ordenadores y los robots, los cuales están reemplazando mano de obra humana día tras día. Durante décadas, las películas de ciencia ficción han planteado esta situación como algo imaginario, algo proyectado a un futuro muy lejano. Sin embargo, este futuro donde los robots pasaban a “controlar” el mundo ha llegado mucho antes de lo esperado.

No habrá sector económico que vaya a evitar esta transición a nuevos modelos y paradigmas que forman parte del inevitable progreso tecnológico, que por una parte traerá grandes avances pero por la otra impedirá que buena parte de la sociedad pueda ganarse un salario. Las empresas van a ir incorporando máquinas a procesos productivos que hasta la fecha el trabajo humano había sido imprescindible. Vamos a tener que competir con robots para un puesto de trabajo y ellos tienen todas las de ganar.

Dejando de lado las medidas de responsabilidad social que las compañías puedan tomar en cuanto a los sistemas de contratación, la pura realidad y lo que más importa a propietarios de empresas y sus accionistas, es que los robots y otras máquinas programadas y/o controladas por ordenador trabajan más rápido y comenten menos errores que los humanos. Al mismo tiempo que los niveles de productividad van a crecer exponencialmente en muchos sectores, los ratios de desempleo alcanzarán niveles insostenibles para la vida humana.

Según esta tendencia, la clase media desaparecerá por completo o mejor dicho los robots serán la nueva clase media. Los niveles de pobreza se multiplicarán en los países desarrollados y los únicos perfiles profesionales que podrán ser contratados, ganar un salario y sobrevivir, serán los que tengan conocimientos de programación, informáticos e ingenieros técnicos capaces de hacer robots más inteligentes. Las conclusiones del último análisis realizado por Associated Press son muy claras al respecto:

The uncomfortable truth is technology is killing jobs with the help of ordinary consumers by enabling them to quickly do tasks that workers used to do full time, for salaries. Technology is eliminating jobs in office buildings, retail establishments and other businesses consumers deal with every day.

Las impresoras 3D son un ejemplo de lo que está por venir, pero los sistemas de automatización diseñados con tecnologías aditivas serán capaces de realizar cualquier cosa a cualquier escala, y todo ello con gran precisión, velocidad y a costes reducidos. El mundo está cambiando a una velocidad que si pestañeas te lo pierdes. Estamos hablando de cambios con implicaciones globales que a fecha de hoy nadie es capaz de predecir hasta qué punto realmente nos van a llegar a afectar, pero una cosa está clara, en unos años ya nada será como antes.

Ilustración vía Jennifer Daniel