Cómo los ricos pagan menos impuestos



Los trabajadores por cuenta ajena cobran cada mes una nómina y no pueden escaparse de tributar. Pero los que trabajan por cuenta propia o tienen una empresa, ya es otro cantar. En bien sabido que cobrar como rendimiento de trabajo, y por ende imputarlo en nuestra declaración de la renta, es mucho más gravoso que cobrarlo a través de una empresa, eso es precisamente lo que hacen los ricos.

Lo que hacen es aprovechar el enorme desfase entre los tipos impositivos que gravan a las personas físicas y a las personas jurídicas. Si damos un vistazo a las tablas, el tipo máximo en el IRPF en Cataluña es, a partir de una base imponible de 175.000 euros, del 49%, siendo ya del 43% a partir de los 53.400 euros. Mientras que las empresas, mediante el impuesto de sociedades no tributan nunca a un tipo superior al 30%, siendo este un tipo fijo y reducido a 25% paras las pymes.

Por otro lado se aprovechan de la flexibilidad en materia de deducción de gastos que contempla la normativa del impuesto sobre sociedades. Toda empresa puede deducirse aquellos gastos que han tenido una relación directa con la actividad empresarial y recuperar el IVA. Mientras que un trabajador que cobre un sueldo, por muy alto que este sea, no tiene la posibilidad de deducirse gastos, lo cual le hace imposible reducirse la base imponible de cara a la renta.

Esta práctica tan común entre la alta sociedad se podría calificar como el fraude de la empresa interpuesta, el cual consiste en cobrar el sueldo a través de una empresa participada en su totalidad por el trabajador y domiciliada habitualmente en su misma vivienda o segunda residencia. Está claro que este tipo de fraude sólo lo cometen aquellos trabajadores que por la magnitud de su sueldo les correspondería tributar al tipo máximo de renta. En este grupo estarían los altos ejecutivos de empresas, abogados, arquitectos, médicos, artistas, deportistas y también bastantes colaboradores o presentadores de televisión.

Pongamos un ejemplo supuesto (me lo invento) que todo el mundo entenderá. Belén Esteban presta todo su “talento” a Telecinco, debiendo cobrar por su trabajo un sueldo muy elevado. No obstante, solamente ingresa en su nómina una parte muy pequeña de lo que debería ingresar, percibiendo el resto a través de una sociedad participada íntegramente por ella o por algún familiar cercano (su madre), siendo este el único ingreso que percibe la sociedad interpuesta.

La ventaja es que los gastos de esta sociedad participada se pueden deducir, entre los que se incluyen viajes, barcos, ropa, coches, viviendas, un cuadro de alto valor pictórico, unas vacaciones en familia, una comida en un buen restaurante… Al mismo tiempo, ella como gestora de dicha sociedad puede asignarse un pequeño sueldo, también deducible, por supuesto.

La picaresca se basa en que ella declara de Telecinco unos ingresos bajos, dejando su base imponible más que asequible. Por parte, mediante su sociedad minora el diferencial de beneficios con gastos personales, obteniendo una base imponible reducida que tributa a tipo fijo del 25-30%, tipo este muy inferior al que le hubiera correspondido si se hubiera imputado la totalidad del importe como sueldo en su declaración de la renta.

En definitiva, el resultado es que tiene unos ingresos muy superiores a la de cualquier español medio y sin embargo ingresa al fisco lo mismo que un mileurista. Obviamente, no es justo.

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