El controvertido Plan Bolonia se pone en marcha el próximo año 2010 en prácticamente todas las universidades españolas y europeas, una interesante iniciativa para reformar el sistema educativo europeo, que buena falta le hace. Los objetivos son mejorar la calidad, movilidad, diversidad y competitividad que las carreras que se imparten. El plan también pretende la homogeneización total de los estudios superiores en la Unión Europea.

La novedades más importantes radican en el nuevo sistema de créditos, actualización de las titulaciones con menos salidas laborales, una nueva financiación de los estudios y más movilidad tanto para estudiantes como para docentes.


Para empezar, desaparecerán las diplomaturas y licenciaturas, ahora tendremos grados de 240 créditos (4 años) o de 180 créditos (3 años). Pero existirá una titulación de Posgrado (especializado). Para el doctorado (entre 3 o 4 años), se requerirá un periodo de formación y otro de investigación con presentación de una tesis. Además se potenciará el Programa Erasmus, que pretende favorecer la movilidad estudiantil y laboral por todo el mundo.

Para contabilizar los créditos no sólo se tendrán en cuenta las horas de clases teóricas (impartidas magistralmente por profesor), sino que también el trabajo del alumno tendrá un peso importante, lo que supone casi obligado asistir a las clases para poder aprobar las asignaturas, algo que agrada al alumnado.

¿Por qué en casi todas las universidades españolas existen grupos que se oponen al plan? Principalmente por la absoluta mercantilización de la universidad, las reformas atienden más a intereses económicos que a los educativos. Otra critica es que pretenden convertir la universidad europea en una cantera para las grandes empresas, dejando de lado la formación y desarrollo humanos.

El sistema de créditos y modo de evaluación impide totalmente la posibilidad de impide compaginar los estudios con un trabajo, por lo tanto o se dan más becas o solamente podrán acceder a estudios superiores aquellos jóvenes que provengan de familias adineradas y que puedan costear tanto los estudios de sus hijos, como los libros y el transporte diario hacia la universidad.

Por otro lado, el sistema cada vez es más similar al de los grados de Formación Profesional (FP), por lo que el valor de tener unos estudios universitarios cada vez es menos, lo que supone un futuro con trabajadores menos cualificados.