La situación del comercio electrónico en España está a los mismos niveles, en gasto por habitante, que en Polonia. Es decir, muy escaso, casi ridículo. Sin embargo, lo que sí está al nivel de los países más avanzados es la búsqueda de información de productos, aunque luego la mayoría opte por realizar la compra en una tienda física. Mucha gente todavía es reacia a teclear los números de su tarjeta de crédito en Internet.

No obstante, las cosas están empezando a cambiar. Primero fueron las agencias de viajes online y ahora las tiendas de moda, los que hicieron perder el miedo e impulsar el comercio electrónico en nuestro país. Precisamente esta semana Inditex anunciaba que completaba completado el despliegue de todas sus marcas en Internet.


Pero, mientras por una parte queda muchísimo camino por recorrer: menos de la mitad de las empresas usan el comercio electrónico (en el 2010 eran el 42,9%) para llegar a más clientes. Se podría decir que el comercio electrónico nació como canal masivo de venta en 1995, año de creación de eBay y de Amazon. Pero en España ha costado demasiado, quizás por la cultura del comercio de proximidad. El caso es que hasta hace poco lanzarse a vender por Internet parecía como hacerse la competencia a uno mismo.

Por suerte las nuevas generaciones ya ven el ordenador como una herramienta más de consumo. Estamos perdiendo el miedo a comprar, pero el mercado está aún muy poco maduro. A pesar de todo, las empresas están haciendo las cosas muy bien. La multicanalidad puede suponer una ventaja competitiva para aquellos que se muevan rápido y sepan aprovechar las oportunidades del mercado. Hay que aprovecharse de la gran masa de internet para llegar a más consumidores y generar tráfico en las tiendas físicas. Y con el tiempo usar las tiendas físicas para dar un mejor servicio de posventa a los clientes online. Ese es el camino.