El plan de rescate económico para evitar una nueva Gran Depresión



Me apetece comenzar este artículo haciendo un poco de historia, pues teniendo en cuenta que la economía se mueve por ciclos, sabiendo lo que sucedió en un pasado lejano podemos saber las claves de lo que nos depara un nuevo futuro. Nos vamos a lo que se conoce por la Gran Depresión, una grave crisis económica mundial que se prolongó durante la década anterior a la Segunda Guerra Mundial. Su inicio y duración no fue la misma en unos países que en otros, pero en la mayoría comenzó alrededor de 1929 y se extendió hasta finales de la década de los años treinta o principios de los cuarenta. Fue la depresión más larga de la historia y de mayor profundidad hasta la fecha. Como la crisis actual se originó en los Estados Unidos, a partir de la caída de la bolsa del 29 de octubre de 1929 (conocido como Martes Negro), y rápidamente se extendió a casi todos los países del planeta. La historia se repite en muchos puntos y todo apunta a que estamos al borde o al inicio de una nueva Gran Depresión.

Nadie sabe lo que sucederá mañana, pero cuando hace tiempo que se perdió el rumbo, todavía la inseguridad es mayor. Los dirigentes de las grandes economías van dando bandazos, tomando medidas para frenar una catástrofe económica de dimensiones inimaginables, reuniones eternas para establecer acciones conjuntas o salvar de la bancarrota a naciones enteras. No es una película de terror. Todo esto es real y lo estamos viviendo.

La Gran Depresión tuvo efectos devastadores tanto en los países ricos como en los más pobres. La renta nacional, los ingresos fiscales, los beneficios y los precios cayeron en picado. El comercio internacional se reduzco más de un 60%. El desempleo en los Estados Unidos aumentó al 25%, y en algunos países superó el 30%. En estos momentos en EEUU se roza el 10% y en España superamos el 22%. Los ciudadanos se aferran a conservar sus empleos, mientras las empresas reducen sus márgenes operativos hasta dejarlas prácticamente asfixiadas. Muchas no van a aguantar mucho tiempo más y van a tener que cerrar. Las tasas de paro se pueden disparar en cuestión de meses. Y lo peor de todo es que los Estados no dispondrán fondos para cubrir los subsidios por desempleo.

Es quizás dramático decirlo, pero familias enteras se van a quedar sin casas (ya está sucediendo), sin comida y sin ropa. Muchas no van a sobrevivir o otras pensaran que en esas condiciones es mejor ni siquiera vivir. El drama está por venir.

Pero cuidado, en Estados Unidos hay un iluminado llamado Nouriel Roubini, profesor de la Universidad de Nueva York, que tiene un plan para salvar al mundo. La hoja de ruta para acabar de una vez por todas con el declive griego, el contagio periférico y una más que previsible crisis financiera global ya está aquí. ¡Menos mal señores!

Se ha conseguido esbozar un plan bautizado como “El camino hacia delante“, que plantea líneas de acción “efectivas” para solucionar de una vez por todas el cáncer soberano que carcome al Viejo Continente, así como el estancamiento económico que sufre la gran potencia mundial americana o el posible desgaste del gigante asiático.

Dicho plan tiene un coste estimado de 1,2 billones de dólares, el proyecto está basado en tres fases de acción que permitirán a los gobiernos sobrevivir a la actual situación. El documento define el actual contexto como el resultado de “una burbuja de crédito masiva que ha dejado a la economía con un enorme endeudamiento, reducido la demanda y ha provocado un desempleo récord acompañado de salarios mucho más bajos”.

Fase I: Inversión en infraestructuras

En primer lugar, este grupo de economistas “expertos” propone un importante programa de cinco a siete años de duración donde se dedique una gran inversión pública a las reparaciones de la infraestructura pública, especialmente en Estados Unidos. Al aplicarse esta medida se crearía empleos y se establecerían las bases para una economía más eficiente y rentable.

Fase II: Reestructurar la deuda inmobiliaria y financiera

En segundo lugar, Roubini y sus colegas proponen un programa de reestructuración de la deuda cuyo alcance pueda sentirse a nivel nacional, y tenga en cuenta dos de los sectores (íntimamente relacionados) como son el bancario y el inmobiliario. A estas alturas ya nadie pone en duda que el incremento de deuda y los peligros de una deflación han sido el resultado de burbujas en el sector de la vivienda y en el financiero. Como medida proponen una completa reestructuración de la deuda, con propuestas que creemos van a sanear el sector inmobiliario y desobstruir las arterias financieras que impiden que las empresas puedan funcionar.

Fase III: Desapalancar la deuda soberana

Por último, plantean reformas globales que faciliten el proceso para restablecer el equilibrio de la economía mundial y garantizar el proceso de desapalancamiento de deuda tanto en Europa como en Estados Unidos. Según aseguran, la clave en los próximos cinco a siete años será el crecimiento de la demanda interna en China y otras economías de mercados emergentes para compensar la disminución de la demanda en el mundo desarrollado, que a su vez deberá reducir su endeudamiento y corregir el desequilibrio actual de la oferta mundial en relación con la demanda mundial.

En definitiva, esta hoja de runa no dice nada que cualquier economista con dos dedos de frente no haya planteado. Está muy bien escribir un informe de medidas pero la clave es cómo tomar dichas medidas para que tengan un efecto real en la economía. Y por último quiero apuntar que todas estas medidas me parecen un parche, una solución a corto plazo. El sistema está roto. Se deberán tomar medidas de mayor calado para asegurar un crecimiento sostenido futuro. Para entonces puede que ya ninguno de nosotros estemos aquí.

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