España es un país de tercera


España era un país que se creía rico. No tenía petróleo, ni gas, ni apenas quedaban reservas minerales, pero sí mucho ladrillo. Una industria más que mediocre, poco competitiva debido a una mano de obra cara y escasamente productiva. Su agricultura estaba basada en un sistema de riego deficitario de agua y gran consumidor de energía. Apenas investigaba en tecnología y a pesar de todo se creía estar a la altura de las grandes potencias.

También sus habitantes pensaba que podían vivir con todos los lujos. Veían al normal poder gozar de un alto nivel de vida, tener las mejores prestaciones sociales, trabajar lo menos posible, dedicarse al ocio y tener una vida fácil asegurada por el sistema. Personas que valoraban mucho sus derechos y se sentían poco comprometidas con sus deberes.

España era un país que se creía rico y actuaba como tal. A base de un crecimiento artificial y ficticio empezó a dotarse de grandes administraciones públicas, sus dirigentes con coches oficiales y asesores políticos hasta los pueblos más escondidos de la península. Los ciudadanos pedían cada vez más de las arcas públicas, pensando que su nivel de vida no era un derecho que no se habían ganado con el trabajo.

Parecía natural tener una sanidad moderna, una educación de títulos fáciles basada en el escaso esfuerzo, mayores pensiones para una población cada vez más vieja, protección de desempleo compatible con una economía sumergida y servicios urbanos de primera categoría. Pero ni siquiera los estados más ricos del mundo se permitían tales lujos. Todo había sido posible gracias a un abuso desmesurado del préstamo, cualquier desempleado sin futuro ni capacidad real de devolución conseguía un crédito para comprar viviendas, coches o bienes a un precio muy superior al valor real. La burbuja era inmensa en todos los sectores de la economía. El estado ingresaba mucho dinero de impuestos y regalaba más bienestar en prestaciones.

Las empresas remuneraban muy bien a sus ejecutivos, se aventuraban con nuevas inversiones y se despreocupaban del riesgo que corrían. El país que se creía rico quiso pensar que era una crisis pasajera. Sus gobernantes seguían viviendo del cuento. De pronto, todo desapareció, se dio cuenta de sus limitadas posibilidades, no éramos el país que pensábamos. Por poco no cumplimos los requisitos mínimos para mantenernos en la Unión Europea. España es un país de tercera regional.

Fuente | Texto inspirado en Creerse rico (recomendado leer completo)

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