El presidente negaba una crisis que era evidente, mucho se dijo sobre una desaceleración transitoria. Se decía que España era el país que mejor aguantaría la llegada de una posible crisis, pero que nunca llegaría a ser depresión por la fortaleza de nuestras entidades financieras, supongo que no se referían a las cajas de ahorros. España es un país con una larga tradición de mentirosos, falsos y embusteros.

En España no nos gusta el éxito ajeno, pero lo peor de todo es que no estamos preparados para el éxito propio. España no es un país con sentimiento de orgullo obrero, nos encanta pensar que la riqueza no es fruto del sudor basado en el esfuerzo. España lleva casi diez años pensando que es el mejor país de la Unión Europea, cuando realmente es en el que peor se estaban haciendo las cosas. Nos creemos ser más listos que nuestros vecinos, cuando nos llevan varios años de ventaja en tecnología e industria.


España es un país de pícaros. Nadie se daba cuenta que los excesos de uno, luego los acaban pagando otros. Por desgracia, la mentira es un argumento socialmente aceptado y que para muchos es una forma de vida perfectamente viable. Tanto es así, que muchos están dirigiendo el país desde lujos despachos políticos.

Admiramos a los mangantes, chorizos y charlatanes porque son los que mejor se lo han montado. Todos deseamos trincar como ellos porque es una forma fácil de llegar al éxito. Vivimos en un país en el que parece que la única salida a un futuro con garantías es opositar para convertirnos en funcionarios. Trabajar poco y ganar mucho, eso sí que se nos da bien.

Compramos lotería con la esperanza que si nos toca no vamos a volver a trabajar 8 horas diarias haciendo rico a nuestro jefe. El que nos da de comer, y al que tanto criticamos, en vez de admirar. Somos una sociedad ciega, no vemos o no queremos ver más allá de lo que tenemos ante nuestras narices. Estamos endiosados y nos encanta mirar por encima del hombro, cuando cualquiera es capaz de darnos lecciones.

En definitiva, la crisis no viene de fuera, la tenemos bien a dentro.