Para seguir una estrategia de inversión por dividendos tenemos que tener muy en cuenta la nueva fiscalidad que se aplica en España desde 2015. En pocas palabras, ha sido un palo para los pequeños inversores y es que una de las novedades más importantes es la eliminación de la exención de los primeros 1.500 euros cobrados en dividendo. Hasta ahora cobrar dividendos hasta dicha cantidad no suponía una “penalización” en la Declaración de la Renta pero ahora vamos a tener que pagar desde el primer céntimo de euro que ingresemos por este concepto.

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Ya puedes tomar nota y empezar a hacer cálculos para que nada te pille por sorpresa el próximo año. Todos los inversores sin excepción tendrán que tributar por el 100% de las cantidades percibidas en el año en concepto de retribución al accionista. Este cambio influirá en las decisiones de los inversores cuando se trate de cobrar en acciones (scrip dividend) en contra del cobro en metálico. Vamos a ver los efectos fiscales de la nueva regulación.

Como bien sabrás, la fórmula del scrip dividend, tan de moda en nuestro país, permite al accionista elegir entre cobrar el dividendo en acciones de la propia empresa o hacerlo dinero contante y sonante. En este último caso la compañía realiza una ampliación de capital liberada, sin coste para ella, y ofrece a los accionistas comprarles los derechos de suscripción de las nuevas acciones a un precio determinado. No es lo mismo que cobrar un dividendo pero es la forma de recibir en metálico la rentabilidad esperada y, de hecho, tiene los mismos efectos fiscales.

La segunda opción es la más criticada por muchos inversores pero quizás ahora será la más solicitada debido a la nueva fiscalidad. El dividendo en forma de scrip consiste en recibir acciones nuevas renunciando al pago en metálico. De ese modo, con la reforma fiscal ya en vigor podrás seguir disfrutando del diferimiento del pago de impuestos hasta la venta de las acciones que se han añadido a tu cartera gracias a la fórmula del scrip dividend.

Pero no todo son malas noticias, también se han modificado los tipos que afectan al ahorro y para tenernos a todos “contentos” se han rebajado en todos los tramos, lo parcialmente reduce el impacto negativo para nuestros bolsillos del fin de la exención de los 1.500 euros que he comentado al principio.

El ahorro hasta 6.000 euros tributará al 20% en 2015 y al 19% en 2016.
Entre 6.000 y 50.000 euros tributará al 22% en 2015 y al 21% en 2016.
Para más de 50.000 euros tributará al 24% en 2015 y al 23% en 2016.

¿Os parece acertada la nueva fiscalidad o salimos perdiendo?