Hace ya un tiempo descubrí un video que me cambió la vida para siempre. Quizás lo hayas visto porque ha dado la vuelta por varios blogs y redes sociales, se trata de un pequeño pero poderoso discurso de Alan Watts que plantea la siguiente pregunta:

¿Qué harías de tu vida si el dinero no fuera importante?

El reflexionar sobre esa cuestión hizo que me replanteara mi vida por completo.


Antes de seguir me gustaría que lo reproduzcas de nuevo o por primera vez:

¿A qué te gustaría dedicarte si el dinero no fuera tu objetivo principal?

¿Lo has pensado alguna vez? ¿Cómo disfrutarías realmente de tu vida?

Conozco muchas personas que lo único que tienen en la cabeza es el dinero. De hecho, todo lo que hacen y todas las relaciones que mantienen son con el objetivo de ganar más y más dinero. De amasar una fortuna. De ser más ricos en términos financieros.

Es su elección y no los juzgo.

Cualquiera es libre de elegir su camino y si una de sus principales prioridades es tener varios millones de euros o dólares en su cuenta bancaria es algo respetable, quizás hasta admirable para algunos…

Es más, reconozco que cuando era más joven para mi tener éxito era lo mismo que ganar mucho dinero. ¿Quién no ha soñado alguna vez en ser rico? Pero a medida que han ido pasando los años esa percepción del éxito se ha transformado por completo y ahora lo veo de una forma completamente diferente.

Vivimos en un sistema capitalista donde todo tiene un precio. Para comprar algo que nos gusta y poderlo disfrutar tenemos que pagar, simplemente funciona así. El dinero es importante, lo es por esa razón, no lo pongo en duda.

¿Pero realmente poseerlo es lo que te hace feliz?

A mi desde luego no.

Soy emprendedor y desde muy joven que tengo mi propio negocio. Han habido temporadas en el que el trabajo me ha ido muy bien y ganaba mucho dinero. Pero solamente hacía una cosa: trabajar.

Trabajaba de lunes a domingo, algunos días me iba a dormir más tarde de las 3 de la madrugada y muchas veces cuando mis amigos me decían de quedar para ir a tomar algo o jugar un partido de pádel les decía que no podía porque “estaba muy liado”.

En esa época solamente tenía una cosa en la cabeza: hacer crecer mi negocio y ganar más dinero para eventualmente un día poder ser “rico” y poder comprarme una casa con jardín, piscina, vistas al mar y tener en el garaje dos o tres coches deportivos.

Por suerte terminé dándome cuenta que esa no era la vida que hacia feliz, que buscar la riqueza financiera no era algo que realmente me llenara, sí los bolsillos, pero desde luego, no el corazón.

Trabajaba mucho, tenía dinero, pero me sentía vacío.

Mis amigos ya no me llamaban para quedar, apenas había tenido tiempo para viajar y sentía que me estaba perdiendo las cosas más bonitas de la vida, que precisamente son las que no tienen nada que ver con el dinero.

Me di cuenta a tiempo y empezé a buscar un equilibro entre los tres pilares claves que sostienen la felicidad de una personas: trabajo, vida social y aficiones.

Es curioso porque ahora trabajo menos horas pero prácticamente gano lo mismo. He vuelto a recuperar mi afición de jugar a pádel con mis amigos y siento que cada partido juego mejor. Por último, he decidido llevar una vida nómada viajando por el mundo y trabajando con mi laptop al mismo tiempo. Hasta la fecha ya he viajado por gran parte de Europa, Asia y América del Sur.

Dinero sigo necesitando pero ya no es ni una obsesión ni una prioridad.

De todo esto he aprendido cinco lecciones:

1. Disfruta de tu trabajo sin pensar en el dinero.
2. Establece prioridades y sigue hábitos saludables.
3. Gasta tus ahorros para hacer realidad tus sueños.
4. Nunca abandones tus hobbies o aficiones. Dedícales tiempo.
5. Cuida tus amistades porque las buenas personas no tienen precio.

Hay gente tan pobre en el mundo que lo único que tienen es dinero.