Cuando un emprendedor se lanza a la aventura sabe que va a tener que dejar atrás alguno de los placeres más importantes de la vida: el descanso. Se trata de una carrera de fondo donde la única meta son tus sueños. Por lo que se termina sintiendo un debate interno para encontrar un equilibrio entre otras de nuestras pasiones: el tiempo de ocio, el amor o la familia.

El emprendedor apasionado vive para trabajar y es que emprender requiere de toda nuestra energía, la necesaria para construir algo de la nada, que todavía no existe pero que sabes que puede funcionar, montarlo desde cero aunque no tengas apenas recursos ni medios, superar las presiones del entorno y sortear en cada momento las dificultades que aguardan en un camino en el que nadie nos dijo que iba a ser de rosas. En definitiva, se hace muy complicado manejar las cosas con equilibrio y a veces los objetivos o las prioridades no se enfocan desde la perspectiva correcta.


Pero a pesar de todo, tengo clara una cosa: no existe otra manera de hacer posible un sueño que entregarte con pasión a él. Cuando hablo con otros emprendedores, empresarios y personas con brillo en los ojos que quieren alcanzar un sueño, me doy cuenta que somos iguales. Todavía no he conocido a nadie que emprenda con una jornada de 9:00h a 18:00h, si bien eso es imposible y ese horario queda asignado a los funcionarios y poco más. Tampoco me he topado con personas que hayan construido proyectos empresariales de éxito desconectando la mayor parte de los fines de semana o hayan podido hacer un mes seguido de vacaciones sin descargarse la bandeja de entrada. A veces me pregunto si algún año seré capaz…

Dicen que lo bueno se hace esperar y es cierto. Los resultados llegan tras un esfuerzo continuado de mucho tiempo, de mucha energía, de mucha perseverancia y de mucha fe en la estrategia implementada. Durante el camino van a pasar muchas cosas, vamos a sentir montañas rusas de emociones, algunas buenas y otras malas, vamos a sudar y vamos a llorar, pero lo realmente importante de todo esto es que terminemos haciendo lo que realmente nos hace felices. Y si ves que no es así, seguro que tendrás la fortaleza para empezar de nuevo.