“La otra carta” de IKEA y el triunfo de la publicidad emocional



España es el tercer país del mundo con mayor número de anuncios emitidos en televisión, solamente superado por Estados Unidos e Indonesia. La saturación publicitaria es algo más que evidente en muchos mercados y ha terminado por generar tal rechazo que la gente tiende a evitar la publicidad a toda costa al considerarla molesta e intrusiva. A nadie le gusta tener que tragarse unos anuncios que no quiere ver para consumir un determinado contenido.

Pero lo bueno es que en mercados donde la saturación es máxima, la publicidad verdaderamente creativa y original destaca por encima del resto. A mi me gusta la publicidad, creo que es necesaria y aporta valor al mercado. Soy fan declarado de los anuncios de Audi, Apple y Coca-Cola, pero este año he quedado rendido delante de la última campaña de IKEA. Si todavía no la has visto merece mucho la pena.

Desde el punto de vista del marketing es una auténtica obra de arte.

En menos de una semana el anuncio “La otra carta” de IKEA ha superado los 4 millones de reproducciones en YouTube, seguramente con la mayoría de ese tráfico orgánico o referenciado. Su éxito radica en tres factores clave: un mensaje con una historia detrás, apela a la emoción y la humildad de la marca de permanecer en un segundo plano. El resultado es un video tan bien hecho a nivel emotivo y creativo que lo disfrutas aunque lo veas dos o incluso tres veces.

IKEA elige contar su experimento como una historia transformando esa carta a los Reyes Magos donde los niños piden sus regalos en otra carta “diferente” que denota un mensaje precioso de austeridad y de propósito de mejora para todas las familias con hijos. IKEA transforma el experimento en una invitación a reflexionar sobre el tiempo de calidad que pasamos con los más pequeños de casa.

En definitiva, la Navidad te puede gustar o no pero que te recuerden el tiempo que no pasas con tus hijos a lo largo del año es algo emotivo que llega a lo más profundo del corazón de los padres. Pero el mensaje es tan poderoso que hasta consigue tocar la fibra de aquellos que todavía no tienen ese instinto maternal o paternal.

El concepto de la campaña es profundo. Vivimos en una sociedad cada vez más enclaustrada en las obligaciones que tenemos fuera de casa y terminamos por descuidar lo más importante: la compañía de los nuestros y el tiempo que les dedicamos a que sean felices.

IKEA sabe hacer publicidad de la buena, de la que emociona, de la que incita por sí misma a hablar y compartir con los demás porque no habla de productos, habla de emociones. El resultado se traduce en una mejora de la imagen de marca la multinacional sueca, un branding perfecto.

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