La Tercera Guerra Mundial ejecutada por terroristas financieros



La Primera Guerra Mundial se desarrolló entre julio de 1914 y noviembre de 1918. El resultado fue 9 millones de personas perdieron la vida. La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto militar global que se desarrolló entre 1939 y 1945, empezó con la invasión alemana de Polonia, el primer paso bélico de la Alemania nazi en su pretensión de fundar un gran imperio en Europa y terminó con un balance de 55 millones de muertos. A mediados de septiembre de 2008, el banco de inversión Lehman Brothers se declara en quiebra. Las compañías hipotecarias, la aseguradora AIG y hasta la gigantesca General Motors se tambalean y poco después se declaran en quiebra técnica. Algo impensable hasta la fecha, pero de un día para otro todo se desvaneció. Para mi fue el inicio de la Tercera Guerra Mundial. Ninguna víctima mortal directa conocida, pero mucho miedo y sufrimiento, salvando las distancias, las mismas sensaciones que en las dos anteriores Guerras Mundiales.

En este caso, las armas son las primas de riesgo y los ejecutadores son políticos, banqueros y especuladores. Hasta la fecha las alianzas no están claras y las líneas de resistencia son difusas. Las víctimas afortunadamente no son muertos ni heridos por armas de fuego, no hay violencia física, pero sí gente que se está quedando sin sus derechos más básicos, conseguidos con enorme esfuerzo durante décadas, y en el peor de los casos muriendo de hambre en cualquier esquina. Las tasas de paro no dejan de subir y ya son millones los parados sin oportunidades de ganarse un salario, ya no digo digno, para vivir. Las nuevas generaciones se han quedado sin futuro, tienen que marcharse a otros países para buscarse un por venir, que quizás no vendrá o que con algo de suerte, y en el mejor de los casos, encontrarán un trabajo mal remunerado y que además no irá acorde con su nivel de estudios. No es una guerra convencional, por suerte no hay nazis, pero la situación no deja de ser guerra al fin y al cabo.

Las batallas las están ganando Alemania y Francia, naciones que utilizan la presión política y el Banco Central Europeo (BCE) para imprimir dinero a sus intereses particulares. La Unión Europea de unión tiene bien poco, sus gobernantes ni siquiera defienden un territorio, como en las guerras de antaño, sino que buscan mantener o incrementar su cuota en porcentaje del PIB mundial con el fin de ganar poder e influencia política y económica. Y lo están consiguiendo, imponiendo reglas para todos, donde manipulan nuestra política fiscal y monetaria. España, Portugal, Italia y Grecia ya las han acatado y están sufriendo las consecuencias de las derrotas. Pero todavía nos queda, quizás lo peor, un largo camino por el desierto.

Se trata de una guerra sucia y rastrera donde el hambre y la miseria vuelven a ser moneda común de la orgullosa Europa. Ya va siendo hora de ir desenmascarando a los verdaderos instigadores y culpables de todo lo que estamos padeciendo, porque esos terroristas financieros tienen nombre y apellidos, de hecho ejecutan amparados por leyes y gobiernos. Son ellos los que juegan a la ruleta rusa con nuestras vidas, ganan dinero haciendo operaciones bajistas, con lo que a mayor contracción económica, mayor fortuna amasan. De eso va el terrorismo financiero. No tienen escrúpulos ni sentimientos, no disparan a personas directamente, disparan sobre países enteros dañando a su estructura social y empresarial. Lo hacen con un sistema que permite comprar y vender productos financieros inexistentes con un apalancamiento brutal. Esa es su arma.

Vamos camino de tener que soportar recortes sociales hasta que renunciemos a lo que somos: personas. Quieren que nos pongamos de rodillas y agachemos la cabeza, que nos den por detrás y por delante sin rechistar. Pero por aquí señores, no vamos a pasar. Es hora de plantarles cara a los terroristas financieros, políticos corruptos y banqueros que se llenan los bolsillos con jubilaciones millonarias o subidas de sueldo mientras sus propios bancos están siendo intervenidos y/o han recibido inyecciones de capital público (dinero que pagamos con nuestros impuestos). No encuentro la palabra que describa esto, indignante es poco. Hay que hacerlo antes de que nos aniquilen con bombas económicas mal diseñadas y que nos están oprimiendo, con o sin consciencia. Pero una cosa está clara: nos están dejando en la más absoluta misera.

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