Hay una frase que dijo Elizabeth Taylor que me gusta especialmente y dice así: “Las ideas mueven el mundo sólo si antes se han transformado en sentimientos“. Vuélvela a leer y reflexiona un momento acerca de su significado. Es perfectamente aplicable a las marcas. Todos hemos sentido y experimentado sensaciones que nos han dejado huella. Dicen que la memoria se puede perder, pero las sensaciones vividas quedan para siempre.

Las empresas gracias a sus campañas de marketing consiguen que se hable de sus productos, pero no bajo la mención de los mismos, pues no ya es suficiente: hay que crear y posicionar una marca. Una marca identificable, diferente y que genere sensaciones positivas, eso es lo que realmente hace que las propiedades de un producto se difundan. No se trata de identificar el producto, sino de saber explicar “qué es” a través de sensaciones asociadas al mismo.


La mayoría de las estrategias de posicionamiento se basan en producto y precio, pero se descuidan de lo más importante. Muchas agencias cometen el error de no tener en cuenta todo lo que se puede experimentar (sentir) con el uso del producto, siendo ese sentimiento el aspecto que luego puede ser asociado a una marca. La idea es convertir una marca en algo reconocible, pero no solamente visualmente, sino emocionalmente.

La tendencia cada vez más evidente es que las personas hablan de marcas más que de productos, sobre todo cuando han encontrado una asociación emocional entre estas y dichos productos, por lo que hay que enfocar la estrategia con la marca como epicentro. Hacer buen branding es más importante que nunca.