Ponte en esta situación. Caminas junto a tu pareja agarrados de la mano por un paseo soleado, está lleno de gente, hace un día radiante, todo parece perfecto. Te sientes bien, eres feliz, tienes todo lo que habías deseado. Y sin embargo, unas repentinas emociones negativas acaban con todo. Imagina que vas andando por ese paseo y tu pareja se fija en otra persona, su belleza es tal que ilumina el mismo día, es algo que te hace sentir celos. Luego te das cuenta que no deberías sentirlos porque te quiere a ti, lo sabes perfectamente, te lo ha demostrado durante años, no se merece que a estas alturas tengas dudas de sus sentimientos. Entonces dejas de sentir celos para sentir vergüenza, una vergüenza causada por haber sentido celos, y no es una paradoja. Cuando terminas de sentir vergüenza, entonces te sientes culpable por haber sentido vergüenza por haber sentido celos. Es algo superior a ti, lo sientes por dentro, es desagradable, pero no lo puedes evitar. Te deja descolocado. Cuando superas esta situación, te sientes profundamente deprimido por haberte sentido culpable por haber sentido vergüenza por haber sentido celos. Todo este arsenal de emociones suceden en apenas unos segundos, todo pasa muy deprisa pero es real. Sin que te hayas dado cuenta, has recorrido una montaña rusa de emociones negativas que te han destrozado y seguramente te arruinen el día. Dependiendo de tu fuerza y cómo se haya dado la situación puedes tardar horas en recuperarte completamente, o en peor de los casos no recuperarte nunca. Quizás esta tontería marque tu relación en un futuro. Simplemente tu pareja había observado a otra persona de sexo opuesto, no sabes que había pasado por su cabeza cuando la miraba recorriendo sus curvas. Pero has sentido celos y las emociones negativas han aflorado en tu pensamiento. Te han dejado huella. No soportas que tu pareja se fije en otra persona que no seas tú. Por unos instantes te dejas de sentir protagonista, te sientes inferior, piensas que quizás la otra persona sea mejor. No estás seguro de nada, te vienes abajo. Vuelves a pensar que ha sido una simple mirada la que te hace dudar. Es una sospecha sin fundamento. Solamente ha sido una mirada, no han habido ni besos, ni gestos, ni caricias. Tu pareja sigue agarrándote la mano y te sonríe con complicidad, no se ha dado cuenta que esa mirada te ha molestado tanto. Te callas, no te atreves a decírselo. De nuevo sentirías vergüenza, porque sabes que ha sido algo irrelevante. Pero te sigue comiendo por dentro. Son celos, lo sabes. No te queda otra que controlarlos. No puedes dejar que estas emociones negativas te amarguen ni un solo segundo de tu inexorable vida, solamente son envolturas emocionales. Pajas mentales para que se entienda. Sin ser consciente, has ido formando este tipo de conexiones emocionales que se retroalimentan. Cadenas de emociones negativas en las que un estímulo externo ha disparado una emoción que no eres capaz de controlar, pero que te conmueve y te lleva a una segunda, la segunda a una tercera y así sucesivamente hasta formar una sobredosis de emociones que te dejan fuera de juego. Son caminos neurológicos que has ido formando con el paso del tiempo, casi sin darte cuenta. Los celos son un ejemplo, pero hay miles de emociones que van marcado tu día a día y dan forma a tu vida y personalidad. Lo importante es que al igual que has ido formando estas envolturas emocionales, puedes deshacerlas o crear otras nuevas más agradables. Para lograrlo, lo primero es darse cuenta. El siguiente paso es interrumpir esa cadena en algún punto. Rompe con todo, gana al corazón o a la razón. Deja volar tu imaginación y crea nuevos caminos en tu mente. Con un poco de consciencia, paciencia y persistencia, conseguirás crear nuevas cadenas que refuercen tu autoestima, haciendo de tu vida un poco más fácil, agradable y divertida. En definitiva es todo lo que queremos. Que así sea.