Reducción del impuesto de sociedades


Reducir el tipo impositivo del Impuesto de sociedades en 5 puntos básicos, para que fuese del 25% en el caso general y al 20% para las pequeñas y medianas empresas. Entre los principales argumentos que justificaría esta nueva modificación, es que una reducción del Impuesto sobre Sociedades aumentaría considerablemente la inversión, la productividad y mejoraría las rentas salariales para todos los empleados de España.

Además, todos los países que ya han adoptado importantes rebajas de este impuesto han logrado los mayores avances en su crecimiento económico y en sus niveles de bienestar. Mientras tanto, el tipo del Impuesto de Sociedades, que es del 30%, está muy por encima de la media de la Unión Europea (UE), que se sitúa en el 23,5% y de la OCDE, que es del 27%.

Existen casos de éxito como Irlanda, que ha pasado de ser uno de los países más pobres de Europa al segundo más rico. ¿Cuál fue la clave? A parte de una mejor educación, bajar el tipo del impuesto que grava las rentas de las empresas en el 12,5% desde 2003. Además, algunos de los nuevos países miembros, como Lituania, Bulgaria o Chipre, tienen su gravamen en el 10%, al igual que China en Asia. Todo apunta a que esta reducción continúe en los próximos años debido a la competencia internacional y a la globalización de los mercados europeos.

Los estudios aseguran que el tipo medio del Impuesto de Sociedades en la Unión Europea se situará cerca del 20% en 2010. En 2006 ya había un total de 7 países dentro de la UE con un tipo inferior al 20%. Lo que implica que mantener un tipo del 30% en España va a ser muy alto para competir con el resto de los países. Las empresas se van a deslocalizar con el consecuente efecto negativo para la productividad del país.

El tipo impositivo de Sociedades está estrechamente relacionado con la inversión y, especialmente, con los flujos de inversión extranjera directa. Por tanto, como la inversión es un determinante clave para el crecimiento económico y la creación de empleo, los economistas Lee y Gordon estimaron en 2005 que una reducción de 10 puntos sobre el tipo impositivo eleva el crecimiento anual en un 1,1% de forma permanente.

Referente al coste recaudatorio en el sistema tributario español, una rebaja del 5% supondría a corto plazo una pérdida de recaudación de unos 4.700 millones de euros. Sin embargo, a largo plazo, dicha reducción no tendría un impacto negativo en la recaudación, puesto que crecería la inversión, aumentando así la base imponible del impuesto de sociedades. Está más que demostrado que los países con un tipo impositivo de Sociedades sensiblemente elevado, experimentan no sólo una caída de la inversión extranjera directa, sino también de la recaudación del impuesto.

En el impuesto de Sociedades es importante comparar el diferencial con el resto de los países competidores. La política tributaria de un país con respecto a las sociedades puede afectar a otros países. Si la carga tributaria de un país es elevada en relación con la de otros países, la base imponible podría desplazarse hacia países con un régimen tributario más bajo, lo cual conllevaría una salida de inversión extranjera directa. Por lo tanto, los impuestos podrían ser también un factor importante en las decisiones de las empresas con respecto al lugar de declaración de sus rentas.

El diferencial entre el tipo general del impuesto de Sociedades español y el promedio de la OCDE es actualmente positivo, ya que el tipo español está por encima del tipo de los países más desarrollados. En 1996, el diferencial era del 2,5% negativo, entonces los tipos impositivos de Sociedades españoles se situaban en el 35%, inferiores al tipo medio de la OCDE, que en ese año alcanzaba el 37,5%. Durante los ocho años de gobierno del Partido Popular, el tipo general del Impuesto de Sociedades se mantuvo fijo en el 35%, mientras que otros países de la UE reducían sus tipos año tras año, lo que hizo crecer dicho diferencial, haciendo perder competitividad a las empresas españolas.

Así pues, el diferencial positivo de nuestro país terminó en 1999, y desde ese año creció de forma continuada, alcanzando un máximo en 2006, cuando nuestro tipo impositivo sobre los beneficios empresariales se situaba más de seis puntos por encima del promedio de la OCDE.

En la reforma fiscal aprobada en 2006, se redujo el tipo de Sociedades en 5 puntos, en dos movimientos consecutivos de 2,5 puntos anuales, por primera vez en la democracia española. Con esta reducción, España fue recuperando parte de la pérdida de competitividad de los años anteriores.

Ahora en plena crisis, es el mejor momento para estimular el crecimiento y la productividad de las empresas nacionales, por ello la economía española necesita una nueva rebaja de este impuesto. Las últimas propuestas que probablemente sean aprobadas en los próximos años, es de dejar el impuesto de sociedades en el 25% para el régimen general y en el 20% para PYMES.

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