La crisis económica se ha cebado con España, aunque por méritos propios, eso ha abierto el debate sobre la conveniencia de permanecer dentro de la moneda única europea. En estos momentos la mejor medida para aumentar la competitividad de nuestras empresas y aumentar las exportaciones, con el fin de impulsar la economía, sería devaluar nuestra moneda. Una fuerte “devaluación interna” se vislumbra como la única salida de la recesión.

Sin embargo la política monetaria ha dejado de ser una herramienta para regular le economía de un país, ahora se echa de menos la peseta. Con el euro todas las decisiones monetarias las toma el Banco Central Europeo, el cual se preocupa mucho más por Alemania o Francia. El último informe anual de la Comisión Europea sobre la moneda única europea revelaba que, desde la adopción del euro, España ha perdido un 20% de su competitividad en precios mientras que Alemania ha ganado el 13%, aunque también es cierto que tiene una economía mucho más diversificada.


Vamos a ser realistas, la salida del euro sería una catástrofe para España. Ganar competitividad sería el único argumento para el abandono de la moneda europea. Pero los aranceles que impondría la Unión Europea frenarían el impulso. Por otro lado, España y su sistema financiero deben tanto dinero en euros que una devaluación de moneda nacional dispararía todavía más la deuda. El colapso también alcanzaría a las empresas españolas y la crisis sería de proporciones inimaginables.

La desaparición total de la moneda única sumiría a Europa en una larga recesión y dispararía las tasas de paro. En el caso de España, el regreso de la peseta vendría acompañado de cifras escalofriantes: una caída de la actividad del 13% en dos años, el repunte de la tasa de paro hasta el 25,5% y una inflación disparada al 10%. Pero la ruptura total de la unión monetaria desencadenaría un terremoto económico sin precedentes. Sería el fin del sistema capitalista.

En definitiva, hay que reconocer que nuestro país ha gozado de fondos de cohesión y otras ayudas por formar parte de la Unión Europea, pero la incapacidad de los países más débiles de la eurozona para devaluar sus monedas y hacer así sus productos más competitivos se ha convertido en un lastre para su recuperación en el actual escenario de crisis.

Ante la imposibilidad de un cambio a corto plazo del anquilosado modelo productivo español, estamos condenados a reducir nuestros salarios y a una bajada generalizada de precios (deflación). Eso o siempre nos quedará la emigración.