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Cómo viajar me ha cambiado la vida

Desde pequeño que siempre he tenido una gran fascinación por los mapas, recuerdo tener uno de esos mapamundis grandes en la pared de mi habitación y fantaseaba con viajar de un lado para otro. La gran cantidad de lugares que había por explorar era algo que realmente me intrigaba. Todavía recuerdo coger un lápiz y empezar a escribir en lista el nombre de las ciudades que me gustaría algún día visitar. Así como también me apasionaba estudiar los colores de las banderas y saber identificarlas con su país correspondiente. Para mi todo era mucho más que un simple juego.

Después de terminar la universidad me fui a vivir una temporada a Reino Unido y desde esas tierras viajé por varios países de Europa, pero nunca me sentí realmente viajero hasta que compré un vuelo de ida, sin retorno, a Singapur, eso me llevó visitar siete países en mi primera aventura asiática. Descubrí que Asía es un continente fascinante que nunca te deja de sorprender con una cultura, gastronomía y belleza asombrosa.

He pasado semanas enteras, incluso meses, viviendo en ciudades que siempre había soñado, algunas de ellas marcadas en el mapamundi que colgaba en la pared de mi habitación cuando apenas tenía 12 años. Ahora, tras haber recorrido más de 25 países puedo decir que viajar ha transformado mi vida por completo de una forma muy positiva. Te podría contar muchas formas en las que esos viajes me han cambiado la vida pero voy a mencionar las más destacadas o al menos las que más me han marcado.

El tren de la felicidad (transcripción) – Lytos


¿Cuántos de vosotros os levantáis por obligación cada día a la misma hora, vais a estudiar o trabajar en algo que no os gusta? Y os repetís una y otra vez: es lo que hay, mientras paguen… ya vendrán tiempos mejores.

Pero los años van pasando y nunca llegan.

Pongámonos en la mejor situación del sueño que nos venden desde pequeños. Terminamos nuestros estudios con buena nota y encontramos un trabajo estable de 8 horas con un sueldo que te permita pagar tu alquiler o hipoteca, tener tu perro, tu gato, tu tele gigante, tu coche, tus caprichos, tus cositas con tu pareja, vale… ¿y ahora?

Te quedan 50-60 años por delante en los que como mucho podrás aspirar a tener unas semanas de vacaciones al año, ahorrar para cuando te jubiles y no poder disfrutar de ese dinero porque eres demasiado viajo. Todas aquellas cosas que tenían que llegar y… ahora todo te da pereza.

Ganar dinero no sirve de nada si no eres feliz


Hace ya un tiempo descubrí un video que me cambió la vida para siempre. Quizás lo hayas visto porque ha dado la vuelta por varios blogs y redes sociales, se trata de un pequeño pero poderoso discurso de Alan Watts que plantea la siguiente pregunta:

¿Qué harías de tu vida si el dinero no fuera importante?

El reflexionar sobre esa cuestión hizo que me replanteara mi vida por completo.

Antes de seguir me gustaría que lo reproduzcas de nuevo o por primera vez:

¿A qué te gustaría dedicarte si el dinero no fuera tu objetivo principal?

¿Lo has pensado alguna vez? ¿Cómo disfrutarías realmente de tu vida?

Conozco muchas personas que lo único que tienen en la cabeza es el dinero. De hecho, todo lo que hacen y todas las relaciones que mantienen son con el objetivo de ganar más y más dinero. De amasar una fortuna. De ser más ricos en términos financieros.

Es su elección y no los juzgo.

Cualquiera es libre de elegir su camino y si una de sus principales prioridades es tener varios millones de euros o dólares en su cuenta bancaria es algo respetable, quizás hasta admirable para algunos…

Es más, reconozco que cuando era más joven para mi tener éxito era lo mismo que ganar mucho dinero. ¿Quién no ha soñado alguna vez en ser rico? Pero a medida que han ido pasando los años esa percepción del éxito se ha transformado por completo y ahora lo veo de una forma completamente diferente.

Vivimos en un sistema capitalista donde todo tiene un precio. Para comprar algo que nos gusta y poderlo disfrutar tenemos que pagar, simplemente funciona así. El dinero es importante, lo es por esa razón, no lo pongo en duda.

¿Pero realmente poseerlo es lo que te hace feliz?

A mi desde luego no.

Soy emprendedor y desde muy joven que tengo mi propio negocio. Han habido temporadas en el que el trabajo me ha ido muy bien y ganaba mucho dinero. Pero solamente hacía una cosa: trabajar.

Trabajaba de lunes a domingo, algunos días me iba a dormir más tarde de las 3 de la madrugada y muchas veces cuando mis amigos me decían de quedar para ir a tomar algo o jugar un partido de pádel les decía que no podía porque “estaba muy liado”.

En esa época solamente tenía una cosa en la cabeza: hacer crecer mi negocio y ganar más dinero para eventualmente un día poder ser “rico” y poder comprarme una casa con jardín, piscina, vistas al mar y tener en el garaje dos o tres coches deportivos.

Por suerte terminé dándome cuenta que esa no era la vida que hacia feliz, que buscar la riqueza financiera no era algo que realmente me llenara, sí los bolsillos, pero desde luego, no el corazón.

Trabajaba mucho, tenía dinero, pero me sentía vacío.

Mis amigos ya no me llamaban para quedar, apenas había tenido tiempo para viajar y sentía que me estaba perdiendo las cosas más bonitas de la vida, que precisamente son las que no tienen nada que ver con el dinero.

Me di cuenta a tiempo y empezé a buscar un equilibro entre los tres pilares claves que sostienen la felicidad de una personas: trabajo, vida social y aficiones.

Es curioso porque ahora trabajo menos horas pero prácticamente gano lo mismo. He vuelto a recuperar mi afición de jugar a pádel con mis amigos y siento que cada partido juego mejor. Por último, he decidido llevar una vida nómada viajando por el mundo y trabajando con mi laptop al mismo tiempo. Hasta la fecha ya he viajado por gran parte de Europa, Asia y América del Sur.

Dinero sigo necesitando pero ya no es ni una obsesión ni una prioridad.

De todo esto he aprendido cinco lecciones:

1. Disfruta de tu trabajo sin pensar en el dinero.
2. Establece prioridades y sigue hábitos saludables.
3. Gasta tus ahorros para hacer realidad tus sueños.
4. Nunca abandones tus hobbies o aficiones. Dedícales tiempo.
5. Cuida tus amistades porque las buenas personas no tienen precio.

Hay gente tan pobre en el mundo que lo único que tienen es dinero.

He encontrado el sentido de mi vida


Trato de mantener un diálogo interno positivo conmigo mismo. De vez en cuando escribo mis reflexiones y las cosas que pasan por mi cabeza. Creo que tiene un impacto más positivo en mi vida que simplemente el hecho de cerrar los ojos y pensar.

Escribir me permite ordenar mis ideas. No publico todo lo que escribo, especialmente si son pensamientos muy personales pero esta vez he decidido compartirlo con vosotros.

Recientemente he estado pensando sobre el sentido de la vida. Lo sé, llevo una temporada que soy pura filosofía. Me estoy empezando a dar miedo a mi mismo.

No pretendo ser el nuevo Aristóteles del siglo XXI ni nada por el estilo, pero quien más o quien menos alguna vez se ha puesto a reflexionar sobre estas cuestiones espirituales.

Quizás más que el sentido de la vida, he encontrado el verdadero propósito de vida.

No te voy a sorprender con mi descubrimiento.

Para mi el sentido de la vida radica en el hecho de ser felices, de luchar por nuestros sueños y compartir con las personas que queremos el camino de la vida.

Realmente no hay mucho más que eso, que no es poco.

Algunas personas se realizan esta pregunta de forma existencial: ¿Por qué estamos aquí? De repente, un día nacemos, crecemos y morimos. ¿Se me ha dado la oportunidad de vivir porque tengo alguna misión que cumplir?

Pues creo que sí tenemos una misión y cada uno la interpreta a su manera.

Mi misión es vivir la vida al máximo, disfrutar de cada segundo y hacer feliz a la gente que me rodea porque solamente entonces yo podré ser feliz.

Para poder recibir, primero tenemos que dar. Para cosechar, primero hay que sembrar. Solamente si damos lo mejor de nosotros mismos podemos esperar recibir lo mejor de las otras personas. Y en ese intercambio de relaciones personales está la belleza.

Y aunque a veces la vida nos presente dificultades y problemas, siempre debemos mostrar la mejor versión de nosotros mismos, porque al buscar nuestra excelencia y no conformarnos estamos demostrando lo que realmente somos.

Hay una frases que me gusta mucho de Eduart Punset que dice:

La felicidad se encuentra en la antesala de la felicidad.

No puedo estar más de acuerdo. La felicidad no es un estado de ánimo al que se llega y se permanece. La felicidad es, en definitiva, todo ese conjunto de sensaciones positivas y agradables que se tienen cuando estamos viendo que avanzamos en el camino de hacer realidad nuestros sueños.

Por eso cuando alguien te diga que no puedes hacer algo, da lo mejor de ti y demuéstrate que esa persona estaba equivocada. Lucha por todo lo que creas que merece la pena y esté alineado con tus valores.

Pienso que uno de los grandes males de esta sociedad es el conformismo. Las personas que se conforman con lo que tienen y no buscan progresar en cualquier ámbito de sus vidas dejan progresivamente de ser felices. Si no me crees, hazte la siguiente pregunta:

¿De que sirve levantarse cada mañana de la cama si no tienes un sueño que cumplir?

Debemos acostumbrarnos a salir de nuestra zona de confort porque es donde suceden cosas maravillosas. No te cierres puertas por miedo a lo desconocido. Prueba cosas nuevas. Atrévete y te sorprenderás.

Debemos ser fuertes, sonreír más a menudo y demostrarnos a nosotros mismos que podemos ser felices, hagan lo que hagan o digan lo que digan los demás. Porque lo importante es lo que pasa en nuestro interior, en lo que realmente tenemos control.

Por eso, te animo a que busques tu misión. Tu sueño. Tu propósito de vida.

Solamente así todo tendrá sentido y podrás ser feliz.

Deja tu trabajo para viajar por el mundo


Cuando planteo esta posibilidad a mis amigos me miran con cara de: ¿Te has vuelto loco? Y rápidamente argumentan: ¿Cómo voy a dejar mi trabajo con lo difícil que está encontrar uno? Además, tengo que pagar una hipoteca y devolver el préstamo del coche. No puedo dejar de trabajar tan fácilmente de la noche a la mañana, quizás más adelante…

Ese quizás no llegará nunca porque están atrapados y en parte los entiendo. Son personas que siguen los patrones de éxito que marca la sociedad: encontrar un trabajo seguro para toda vida, casarse con tu pareja, comprarse una casa, tener hijos, comprarse un coche grande para toda la familia, organizar vacaciones una vez al año, ahorrar para la jubilación, etc.

En definitiva, hacen ni más ni menos lo que la sociedad dice que toca hacer, y lo hacen sin pensar realmente lo que les apetece hacer. Es por eso que a mi me gusta insistir en la posibilidad de dejar su trabajo, porque creo que nadie se merece estar atrapado en una vida que no le gusta, trabajando para una empresa que odia y haciendo cada día exactamente lo mismo, semana tras semana.

Muchas veces lo mejor para que puedan recuperar su vida es tomar la decisión más difícil que todas que es: dejarlo todo, romper con todas las ataduras y empezar de nuevo. No es sencillo, muy pocos se atreven a llevar a cabo ese plan, pero los valientes no se arrepienten porque se sienten más libres y con sueños por cumplir.

¿Sabes cuál es la palabra opuesta a la felicidad? Es el aburrimiento. En el momento en que tu vida entra en una espiral de aburrimiento y monotonía tus niveles de felicidad caen por los suelos. Para vivir una vida plena y ser verdaderamente feliz hay que probar cosas nuevas a menudo, conocer gente diferente y descubrir nuevos lugares que te inspiren.

Teniendo en cuenta todo lo anterior la receta para la felicidad es sencilla: compra un boleto de avión hacia algún país lejano, haz las maletas y empieza una vida nueva. Como sé que todavía no te he convencido te daré algunas razones más para dejar tu trabajo y viajar por el mundo. Espero que al final de este artículo te haya cambiado de opinión.

1. Te estás muriendo

Me gusta poner un punto dramático a la cuestión pero no deja de ser una realidad como un templo. Vamos a ser honestos: tus días están contados y el reloj no se detiene. Cada segundo que pasa es un segundo que no vas a poder recuperar. De modo que haces algo que realmente te guste, te apasione y te haga feliz o estás desaprovechando tu vida. Así de claro. El momento es ahora, no lo dejes más para mañana. Empieza a tomar decisiones que pongan nuevo rumbo a tu vida.

2. Viajar no tiene precio

Comprar un boleto de avión tiene un precio. Pero las experiencias y la cantidad de cosas que vas a aprender en tu destino en el momento que bajes del avión es algo que no tiene precio. Invierte en experiencias, no en cosas. El dinero viene y va. Las experiencias quedaran en tu recuerdo y en tu corazón para toda la vida. Viajar es la mejor forma de crecer y recolectar experiencias inolvidables.

3. El confort es el enemigo del progreso

Salir de la zona de confort es la única forma de avanzar en nuestro desarrollo personal. No te conformes con lo que tienes, especialmente si no te hace feliz o no está alineado con tus valores. Todos tenemos un sueño (puede ser un objetivo concreto o simplemente una situación personal). Te animo a que salgas a buscarlo, y eso significa luchar para hacerlo realidad. Salir de la zona de confort significa que vas a encontrar obstáculos, que no será un camino fácil, que vas a tener que pelear y esforzarte. Pero te digo una cosa, el día que consigas ese sueño tras haber luchado por él, ese día te sentirás mejor que nunca.

4. Puedes trabajar desde cualquier lugar

Actualmente con los sistemas de comunicación disponibles y una buena conexión a Internet es posible empezar cualquier negocio desde cualquier parte del mundo. Desde hacer trabajo de diseño gráfico en modo freelancer, hacer páginas web, gestionar redes sociales de empresas, desarrollar aplicaciones móviles, escribir libros, ganar dinero con la publicidad de un blog, escribir para otros blogs o revistas… y así podría seguir un listado enorme. Ah! y siempre te quedará la posibilidad de enseñar idiomas. Si sabes inglés o español en cualquier país del mundo podrás dar clases particulares o encontrar trabajo en una escuela de idiomas que siempre prefieren contratar a nativos.

5. No eres imprescindible

El ser humano se sobrevalora a si mismo en entornos laborales, es algo que sucede por naturaleza. Nos consideramos imprescindibles en nuestro puesto de trabajo. Y lo siento amigo, no lo eres. Si tú no estás otra persona ocupara tu lugar y más pronto que tarde alcanzará tu mismo nivel de productividad o habilidades, si no es que lo supera desde el minuto cero. Digo esto porque por curioso que parezca muchas personas no dejan sus respectivos trabajos a pesar de que los odian porque piensan que sin ellos la empresa se hundiría, fracasaría o no sobreviviría. De verdad, el día que le digas a tu jefe que te vas, no te preocupes demasiado, créeme.

6. No te arrepentirás

Conozco a personas que han dejado su trabajo para perseguir su sueño. Creo profundamente que no hay nada más valiente y hermoso que eso. Viajar te abrirá muchas puertas, aprenderás lo que no está escrito y disfrutarás de una mayor libertad para hacer lo que quieras con tu vida, sin ataduras, sin compromisos y con una localización independiente. Hazlo y te lo aseguro, difícilmente te arrepentirás.

Foto: Una calle de Oporto, Portugal. Tomada esta misma mañana tras una buena lluvia.

Si no sales de su zona de confort y enfrentas tus miedos, el número de situaciones que te hacen sentir incómodo seguirá creciendo.

Cómo ser más feliz viajando


Uno de los temas que más me gustan es la felicidad. Me gusta mucho hablar de felicidad y de cómo podemos llevar una vida más llena. Y me gusta tanto porque es algo en lo que todos estamos unidos. Todos queremos ser felices. No importa quién eres, de dónde vienes o a qué te dedicas. Tú, al igual que yo, tenemos algo en común y es que queremos ser ante todo felices.

Una de las lecciones más importantes que he aprendido viajando en solitario es que las personas que son felices atraen a la gente. El poder que tiene un sonrisa está infravalorado. Sonreír te puede cambiar la vida. Simplemente siendo más positivos, alegres y cercanos podemos llevar nuestra vida a otro nivel.

Viajando por varios países me he encontrado a mochileros que decidieron irse a recorrer mundo porque querían volver a ser felices. Me contaron que la mejor forma de recuperar la ilusión y la alegría de vivir era salir de la rutina en la que estaban metidos, despejar su mente, reflexionar, encontrarse a ellos mismos… durante las conversaciones muchas veces me sentí muy identificado con sus historias.

Parece que viajar es una buena terapia para recuperar la felicidad perdida. A continuación os quiero dar algunos consejos de cómo puedes ser una persona más feliz, especialmente si has decidido viajar por el mundo. Estaré encantado si tienes algún consejo más y lo compartes conmigo en la zona de comentarios.

1. Nunca pierdas la sonrisa.

Las personas que son optimistas por naturaleza suelen ser vivir experiencias más enriquecedoras que los que siempre van con la cabeza agachada o con cara de tristeza. Mucha gente vive amargada por inseguridades, conflictos personales o problemas del pasado cuando realmente lo importante es pensar la cantidad de cosas buenas que todavía nos quedan por hacer. No merece la pena estar triste o preocupado por cosas por las que no tienes control. Trata de ofrecer u mejor versión de ti mismo y la vida te sonreirá. Y recuerda: Nunca dejes de sonreír porque nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa.

2. No lo tengas todo estrictamente planificado.

Hay mucha gente que lo quiere tener todo perfectamente planificado, cada detalle, cada movimiento, tienen por escrito lo que tienen que hacer cada segundo de su vida. Olvídate de eso. Para viajar como mochilero debes estar preparado para los imprevistos. Los habrán y muchos. Las cosas nunca salen como uno se las espera, intenta ser más flexible y disfrutarás el doble.

3. Empieza a hacer cosas que te gusten.

Todos sentimos pasión por algo, todos tenemos alguna afición, algo que nos distrae y nos hace sentir bien. No hay nada más bonito que disfrutar de tu pasión cuando estás de viaje. Puede ser pintar, leer, escribir, escuchar música, conocer gente, explorar una ciudad, etc. Salir de tu zona de confort y llegar a un lugar nuevo donde no conoces nada ni a nadie te permite empezar de nuevo, y ese nuevo comienzo es la oportunidad perfecta para disfrutar de cada segundo como si fuera el último.

4. No subas tus problemas al avión.

La vida es como una montaña rusa, hay temporadas en los que estamos arriba y otras en las que estamos abajo. A todos nos ha pasado y seguro que a ti también. Es por eso que mi filosofía cuando me voy de viaje es que los problemas, las preocupaciones y toda esa energía negativa que me pueda perturbar no sube conmigo en el avión, se queda en casa. La olvido y pongo toda mi energía en pasármelo bien los días que tengo por delante.

5. La meditación funciona.

Hace unos meses decidí comenzar a meditar al menos durante 20 minutos cada día. Lo suelo hacer en el silencio de la noche cuando todo el mundo duerme. Cierro los ojos y pienso en las cosas buenas que me han pasado durante el día o en lo que tengo que mejorar. Me intento relajar y restar importancia a los problemas. Cuando vuelvo a abrir los ojos respiro profundamente y me siento mucho mejor. Me gustaría meditar más y mejor, creo que esos minutos de introspección me están ayudando mucho. Os lo recomiendo.

6. Rodéate de buena gente.

Este consejos es fácil porque el mundo está lleno de buenas personas. Muchas veces somos desconfiados, especialmente cuando viajamos a lugares lejanos. Pero me he dado cuenta de que cuanto más lejos me voy de mi país más buenas personas me encuentro. Se dice que somos la media de las cinco personas con las que más tiempo pasamos y estoy completamente de acuerdo. Si quieres ser mejor personas rodéate de gente a la que te quieras parecer por sus valores. Cuanto más tiempo pases con ellos más te parecerás. Como decía mi madre: elige bien a tus amigos.

Foto: Mi grupo de amigos (7 nacionalidades diferentes) en Bournemouth, Reino Unido.

Viajar es más que ver lo que hay para ver; es iniciar un cambio en nuestras ideas sobre lo que es vivir que continúa en nosotros de manera profunda y permanente.